La exposición ‘Balerdi. La línea infinita’ reúne más de medio centenar de dibujos del artista donostiarra y recorre su evolución desde la figuración hasta la abstracción. Puede visitarse hasta el 14 de febrero de 2027.
El Museo de Bellas Artes de Bilbao suma una nueva propuesta: Balerdi. La línea infinita, una exposición que se ha presentado este 9 de octubre y que inaugura Gabinete, el nuevo espacio dedicado a la obra gráfica, el dibujo y la fotografía de esta pinacoteca. La muestra invita a descubrir una faceta esencial de Rafael Ruiz Balerdi (San Sebastián, 1934-Altea, Alicante, 1992), uno de los grandes referentes de la abstracción española de la segunda mitad del siglo XX.
Comisariada por el historiador Mikel Lertxundi, del Departamento de Archivo y Documentación del museo, la exposición reúne más de medio centenar de obras organizadas en distintos epígrafes temáticos. El recorrido permite seguir la dedicación constante de Balerdi al dibujo desde los años cincuenta, así como su papel como terreno de experimentación para el desarrollo de su pintura. La mayoría de las piezas proceden de la donación realizada por la familia del artista en 2004.
La exposición forma parte del programa inaugural de la reapertura del museo tras la culminación de la ampliación de Norman Foster y Luis María Uriarte, y ofrece una oportunidad para acercarse al universo creativo de un artista que convirtió la línea en una herramienta de investigación plástica, capaz de transitar entre la representación, la geometría y el gesto libre.
Un nuevo espacio para el dibujo y la obra gráfica
La muestra abre la programación de Gabinete, un espacio de 200 metros cuadrados situado en el edificio moderno, recientemente rehabilitado. Impulsado con el apoyo de la Fundación Gondra Barandiarán, patrono del museo, este ámbito acogerá tres exposiciones al año con el objetivo de mostrar la riqueza de sus colecciones y la singularidad de disciplinas como el dibujo, la fotografía y la obra gráfica. En algunas ocasiones, la programación incorporará también préstamos de otros museos y colecciones nacionales e internacionales.
El proyecto está vinculado, además, a la iniciativa desarrollada junto con la Diputación Foral de Gipuzkoa para elaborar el catálogo razonado de los dibujos de Balerdi, una labor iniciada por Javier Viar y continuada ahora por Mikel Lertxundi.
Del dibujo figurativo a la libertad de la línea
A través de los diferentes conjuntos expuestos, la persona visitante puede seguir las transformaciones del lenguaje de Balerdi. Las primeras investigaciones parten de motivos reconocibles, como las sillas y los retratos, para avanzar hacia una progresiva autonomía de las formas. Más adelante, las líneas se liberan de su función descriptiva y ocupan el papel protagonista, generando composiciones dinámicas y campos de intensa energía visual.
El recorrido también descubre su interés por las imágenes oníricas, su compromiso con la realidad política y social de su tiempo, su incursión en el cine de animación y el diálogo constante que mantuvo con los grandes maestros de la historia del arte. La última etapa permite acercarse a sus trabajos sobre papel y a las grandes tizas, en las que el color, el gesto y la construcción de paisajes imaginarios adquieren un protagonismo especial.
Entre los conjuntos que articulan la exposición figuran:
Sillas
Las sillas fueron el principal motivo que trabajó en 1955, objeto de un proceso casi obsesivo de descomposición y posterior reconstrucción con el que exploró sus potencialidades formales. La figuración fue el punto de partida de una investigación que desembocó en la progresiva autonomía de la forma, como muestran varios autorretratos sentado, en los que la figura se concibe como una estructura sometida a una gradual reducción. El trazo directo y seguro prescinde del detalle anecdótico y se concentra en la organización geométrica del cuerpo, articulado mediante líneas quebradas y diagonales que fragmentan la anatomía sin llegar a disolverla. Las caras, reducidas a signos, dieron lugar también a series de rostros mínimos que se aproximan a la abstracción.
Abstracción geométrica
Las sillas dejaron de ser objetos reconocibles para convertirse en estructuras visuales. Balerdi las sometió a un proceso de depuración y fragmentación, descomponiendo los triángulos de los asientos de esparto y los elementos ortogonales hasta convertirlos en un repertorio de piezas, a modo de recortables de papel, que anuncian una decidida aproximación a la abstracción. Recombinadas, dieron lugar a numerosas variaciones en las que, cuadrados, rectángulos y triángulos adquieren una inequívoca apariencia arquitectónica. Los travesaños curvos de los respaldos, por su parte, originaron otras exploraciones en las que ensayó soluciones próximas a las que entonces desarrollaba Eduardo Chillida en su investigación formal y espacial.
Ciudad imposible
De la unión de las visiones arquitectónicas esquemáticas y de las formas de raíz chillidiana surgió este cautivador dibujo, en el que Balerdi ideó un abigarrado y fantástico entorno urbano, casi una suerte de organismo abstracto. En los espacios abiertos aparecen estructuras que evocan esculturas de hierro –superpuestas y entrelazadas– y configuran conjuntos monumentales compactos. En general, la acumulación de elementos y el tratamiento lineal remiten a ciertos planteamientos de Paul Klee, particularmente a sus ciudades imaginarias, situadas a medio camino entre la abstracción y la figuración.
Retratos
Todo su universo formal abstracto cobró concreción en una excepcional serie de retratos y autorretratos de 1958, realizados mediante el mismo juego de líneas rápidas y entrecruzadas que empleaba en sus dibujos de abstracción lírica. En los primeros trasladó al papel su mundo afectivo más inmediato, representando a familiares como su madre y sus hermanas, así como a sus amistades del ámbito artístico, con quienes entonces compartía desvelos. Entre los dedicados a estas últimas destacan los de Amable Arias y José Antonio Sistiaga, en los que Balerdi demuestra su especial interés por captar la psicología del retratado a través de la expresividad de la mirada.
Abstracción lírica e informalismo
Entre 1958 y 1959, Balerdi desarrolló una paulatina transformación de la forma, desde la densidad gráfica hacia una mayor libertad lineal. En Formas imprecisas, la acumulación de trazos genera campos de energía y masas que parecen surgir del propio proceso de dibujar. A partir de ellas, las Formas blandas adquieren mayor consistencia y definición: las tramas se concentran en estructuras orgánicas que evocan, en algunos casos, las figuras animales del arte rupestre, mientras el vacío adquiere un papel fundamental. En otros los contornos se consolidan y se hacen más definidos, delimitando las masas y reforzando su carácter estructurado. Finalmente, en Formas ligeras, estos perfiles se independizan y se convierten en líneas finas, sinuosas y libres, que recorren amplios espacios vacíos.
Marañas y acuarelas informalistas
La estancia de Balerdi en París en 1960 supuso un nuevo impulso hacia la libertad gestual y la abstracción informalista, bajo la influencia decisiva de Pollock. Esta experimentación se manifiesta especialmente en una serie de dibujos en los que la línea abandona cualquier función descriptiva y adquiere autonomía como elemento plástico. Las hebras de las anteriores Formas ligeras evolucionan hacia un trazo continuo que ocupa toda la superficie del papel, generando densas acumulaciones y una intensa sensación de movimiento. El gesto y el propio recorrido de la línea se convierten así en el principio generador de la composición, un planteamiento que trasladó también a varias acuarelas.
Formas irreales
Entre los sesenta y los setenta, explora en sus dibujos temas que no aparecen en su pintura. Por ejemplo, un conjunto muestra cómo Balerdi parte de figuras y formas reales, pero las modifica hasta hacerlas extrañas, casi irreales y cercanas al mundo de los sueños. Así, elimina o exagera algunos elementos y crea imágenes inquietantes, donde lo cotidiano adquiere un aspecto misterioso y perturbador, como ocurre en estos, que parecen representar cuerpos putrefactos. Cabeza, de hecho, puede interpretarse como un autorretrato en el que los rasgos del artista se vuelven blandos y amorfos.
Balerdi comprometido
Frente al universo irreal de los dibujos anteriores, Balerdi abordó también una vertiente más directamente vinculada con la realidad política y social de su tiempo. Tras su regreso a San Sebastián en 1973, su implicación en distintas actividades ciudadanas y políticas se trasladó a unas obras en las que afloran sus inquietudes ideológicas y que testimonian la efervescencia del momento. La ikurriña, las manifestaciones y las tensiones colectivas del País Vasco se transforman en visiones alegóricas de gran intensidad dramática. Amnistía, por ejemplo, fue empleada para un calendario de 1977 en favor de la liberación de los presos vascos.
Homenaje a Tarzán
Realizado en 1969, este singular film de animación nació del interés de Balerdi por trasladar su práctica pictórica al medio cinematográfico. Tras experimentar con formas abstractas dibujadas fotograma a fotograma sobre celuloide, encontró en el universo de Tarzán el punto de partida para una obra más narrativa y personal. Dibujó directamente cada fotograma a partir de fragmentos de películas de imagen real, transformando y estilizando las escenas mediante una gran variedad de trazos y densidades. El resultado combina figuración y abstracción: personajes, animales y paisajes se transforman y descomponen en formas dinámicas que adquieren sentido a través del movimiento. Producido por X Films, empresa del mecenas Juan Huarte, fue presentado en Zinebi y en los festivales internacionales de Cannes y Oberhausen.
Los gigantes
La relación de Balerdi con los maestros antiguos constituye una constante. Las obras de Velázquez, Goya o Tintoretto no fueron modelos que reproducir, sino matrices compositivas a partir de las cuales desarrollar nuevas investigaciones formales. En ocasiones realizó copias; en otras, alteró escalas, invirtió motivos o modificó elementos para hacer menos reconocible el referente. Este proceso de desguace redujo las figuras a relaciones de masas, ritmos y tensiones espaciales, hasta alcanzar un lenguaje cada vez más personal y abstracto.
Esta selección de dibujos permite entender la transformación de El Descendimiento de Van der Weyden en su óleo Los gigantes (1972), resultado de un prolongado proceso de síntesis desplegado a través de numerosos bocetos y estudios.
Los maestros antiguos
Estas tres piezas son ejemplos de las numerosas reinterpretaciones que Balerdi hizo de Las Meninas de Velázquez y El descubrimiento del cuerpo de san Marcos de Tintoretto. Ambas obras alimentaron una investigación formal durante la cual el referente figurativo se somete a un proceso de depuración y transformación que conduce a la progresiva pérdida de identidad de las figuras. Las obras históricas funcionan, así, como esquemas que el pintor descompone y reorganiza hasta hacer emerger un lenguaje plástico autónomo.
Tizas
Entre 1977 y 1985, Balerdi desarrolló casi exclusivamente una extensa producción sobre papel, en la que las grandes tizas constituyen uno de los ciclos más singulares de su trayectoria. Realizadas con pastel y cera sobre papel de embalar, destacan por sus grandes dimensiones, su riqueza cromática y gestualidad libre. El ciclo se inició con los bocetos para unas vidrieras y encontró una orientación decisiva en Paisaje imaginario (1978), tras su viaje a China. Las primeras obras presentan una factura minuciosa, de trazos pequeños y tupidos; paulatinamente, estos se vuelven más largos, abiertos y libres. Aunque mantienen el carácter intuitivo de su pintura gestual, incorporan una fuerte dimensión constructiva y una relación ambigua con las apariencias naturales.
Paisaje imaginario
Realizado en 1978, a la vuelta de un viaje a China, Paisaje imaginario constituye una obra decisiva en la trayectoria de Balerdi. Inspirado en la pintura realista que conoció en las comunas chinas, el cuadro combina referencias diversas hasta construir un territorio de carácter imaginario, dominado por la tensión entre la horizontalidad de las montañas y las nubes y el movimiento ondulante de los valles. Ejecutado con tizas y ceras sobre papel, supuso además el descubrimiento de una técnica que Balerdi emplearía durante la década siguiente. Concebido también como modelo para un mural colectivo realizado con niños, revela su interés por vincular el arte con la vida cotidiana y la experiencia compartida.
Una cita con la obra de Balerdi en Bilbao
Con Balerdi. La línea infinita, el Museo de Bellas Artes de Bilbao pone el foco en una faceta fundamental, aunque quizá menos conocida, del artista: su trabajo sobre papel. La exposición permite recorrer casi cuatro décadas de investigación y comprobar cómo un motivo cotidiano puede convertirse en estructura geométrica, cómo el trazo se emancipa de la representación y cómo la abstracción convive con la memoria, el compromiso político y la reinterpretación de los grandes maestros.
