Su proyecto, Agravitas, diseñado junto con Luis María Uriarte, añade 6.000 metros cuadrados con un puente sobre los edificios originales pero sin tocarlos. 

El domingo, 5 de octubre, Norman Foster visitó este nuevo atrio, llamado Agravitas, acompañado de su mujer, Elena Ochoa, y de decenas de periodistas, como La Ría del Ocio, que buscaban fotografiar a la persona que tanto ha contribuido a la imagen de Bilbao. 

La presentación inició con un posado junto con las autoridades en la entrada de la Plaza Euskadi. El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto; la vicelehendakari, Ibone Bengoetxea; la diputada general de Bizkaia, Elixabete Etxanobe, y el director del centro, Miguel Zugaza se mostraron agradecidos por la presencia de Norman Foster. Después, se procedió al descubrimiento de la escultura de Anselm Kiefer, Book Stack (Safo), que es una pila de libros donada por su familia. 

El arquitecto británico de 91 años y su mujer, vestidos de una forma llamativa: él con un traje burdeos y una corbata morada y ella con unas grandes gafas; lucían sonrientes y felices por ver su obra finalizada y a punto de inaugurarse.

Agradecimientos a Miguel Zugaza

Ya en el interior, continuaron las fotos protocolarias frente al nuevo Atrio Arriaga, un espacio amplio de acceso libre con un gran muro cortina acristalado. En su intervención, Norman Foster agradeció al director del museo, Miguel Zugaza, o como él le llamó entre risas, ‘señor Misión Imposible’, su apoyo y los desafíos impuestos. También la armonía entre las diferentes entidades como la Diputación, el Ayuntamiento, el equipo del Museo de Bellas Artes y los patrocinadores. 

Para el arquitecto que puso en marcha el Metro de Bilbao, «lo realmente importante es lo que no ves», como los sistemas de climatización. Además era esencial no excavar bajo tierra, ya que eso “altera la naturaleza de las cosas y es oscuro”. Por ello, decidió, en colaboración con el arquitecto vasco Luis María Uriarte, que había que construir un edificio sin tocar el original, pero conectándolo con él.

Un día antes de la apertura, Foster compareció orgulloso por contribuir de nuevo a la ciudad con este edificio que supone un 60% más de superficie con una estructura de acero local y ecológico, espacios públicos de acceso libre a nivel de calle y una nueva amplia galería sin columnas, entre otras novedades. «El reto técnico ha sido enorme. Ha sido una carrera contrarreloj. Pero todo esto se nos olvida muy rápido, gracias a Dios. Y aquí estamos orgullosos y encantados, celebrando la nueva vida del edificio, porque es importante pensar que los edificios tienen alma«, declaró. 

Tras finalizar con sus agradecimientos y explicaciones, recorrió la zona de la galería y observó desde arriba, a través de un óculo de seis metros de diámetro, la fuente original en memoria del compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga, situada en el atrio. En la zona exterior, Foster se detuvo para unas últimas fotografías con las vistas de Bilbao de fondo y ya con el trabajo terminado y todo listo, solo quedaba esperar al día siguiente para inaugurar oficialmente el museo renovado y su nueva etapa.