El Museo de Bellas Artes de Bilbao reabre sus puertas el martes 6 con una nueva pieza arquitectónica que completa casi un siglo de historia del conjunto. Agravitas, diseñada por Norman Foster y Luis María Uriarte, incorpora 6.000 metros cuadrados al museo, conecta los edificios construidos en 1945 y 1970 y abre nuevos espacios para las colecciones, las exposiciones temporales, el diseño y la arquitectura, la educación y la escultura contemporánea.

La intervención tiene su centro en el Atrio Arriaga, concebido por Foster como el nuevo corazón del museo. El espacio queda delimitado por una de las dos grandes estructuras de pilares en V que sostienen la nueva arquitectura y se abre al parque de Doña Casilda Iturrizar a través de un gran muro cortina acristalado. En el centro permanece la fuente dedicada al compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga, obra de Francisco Durrio.

Desde el nuevo atrio, el museo establece también una relación más directa con la ciudad. Al norte, el conjunto se abre hacia la Gran Vía a través del parque; al sur, hacia la Ría, mediante la plaza Euskadi. Dos accesos conducen al espacio central y articulan un recorrido que permite atravesar el museo de un lado a otro.

Agravitas completa así un conjunto formado por tres edificios de tres momentos diferentes de la arquitectura y de la historia del arte. El primero, construido en 1945 por Gonzalo Cárdenas y Fernando Urrutia en estilo historicista, fue concebido para albergar los museos de Bellas Artes, Arte Moderno y Reproducciones. El segundo, levantado en 1970 por Álvaro Líbano y Ricardo Beasco siguiendo el lenguaje racionalista del movimiento moderno, fue el primer edificio construido en España específicamente para un museo de arte contemporáneo. En 2001, Luis María Uriarte intervino sobre el conjunto para mejorar los accesos y la circulación interior. Ahora, la arquitectura de Foster y Uriarte incorpora una tercera pieza y conecta las anteriores.

Cada edificio mantiene una función diferenciada. El de 1945 recupera una museografía más clásica y presenta episodios representativos de la historia del arte desde sus orígenes hasta mediados del siglo XX. El de 1970 concentra las colecciones de arte moderno y contemporáneo, mientras que Agravitas acoge nuevos programas y espacios expositivos.

Tres arquitecturas, trece espacios de arte

La nueva configuración permite al Museo de Bellas Artes desplegar 13 espacios diferenciados dedicados a la exposición, el estudio, la conservación y la difusión del arte. El punto de partida es una colección de más de 18.000 obras de arte antiguo, moderno y contemporáneo, internacional, española y vasca, formada en buena medida gracias a legados y donaciones, que representan cerca del 70% de sus fondos.

La reapertura pone precisamente el acento en esa condición de “colección de colecciones” y en el papel desempeñado por el coleccionismo privado.

0. Atrio Arriaga / Accesos

La escultura adquiere protagonismo desde la entrada. En el Atrio Arriaga, la fuente dedicada a Arriaga y realizada por Francisco Durrio ocupa el centro del espacio. En Museo Plaza, la monumental Sappho, de Anselm Kiefer, establece un diálogo con la nueva arquitectura. El recorrido hacia el atrio incorpora además obras de Cristina Iglesias, Richard Serra, Susana Solano, Pello Irazu, Pablo Palazuelo y Eduardo Chillida.

1. La búsqueda del comienzo. Homenaje a Plácido Arango

El edificio de 1945 recibe uno de los grandes homenajes de la reapertura: el dedicado a Plácido Arango (1931-2020), gran benefactor del museo. La cesión a largo plazo de más de un centenar de obras de su colección permite trazar diferentes itinerarios por la historia del arte. El recorrido se completa con préstamos de instituciones como el Museo del Prado, el Metropolitan Museum of Art y la Hispanic Society de Nueva York, el San Diego Museum of Art y el Museo de Bellas Artes de Asturias.

2, 3 y 4. Bildu(e)mak / Colecciones

Las colecciones del propio museo son las grandes protagonistas de la reapertura. Bajo el título Bildu(e)mak, un juego de palabras que combina bilduma —colección— y emak —mujeres—, cerca de un millar de obras construyen un recorrido cronológico por la historia del arte.

En el edificio de 1945, el recorrido llega hasta la Guerra Civil, mientras que el edificio de 1970 continúa la historia del arte desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad. La presentación incorpora además obras que señalan ausencias o plantean nuevas lecturas desde una perspectiva contemporánea, con especial atención a la creación realizada por mujeres.

5. Visiones de Ultramar. Artistas viajeros en la Colección Patricia Phelps de Cisneros

El edificio de 1970 acoge también Visiones de Ultramar, una exposición procedente de la Colección Patricia Phelps de Cisneros. Más de 150 pinturas, dibujos, grabados, mapas y fotografías recorren la mirada de artistas y expedicionarios europeos y norteamericanos sobre el Nuevo Mundo entre los siglos XVII y XIX.

Como epílogo a la exposición, el artista vasco Asier Mendizabal presenta El orbe según la colección J.L., una instalación que recupera un proyecto realizado originalmente en 2016 y que reinterpreta las piezas prehispánicas reunidas por el poeta bilbaíno Juan Larrea.

6. Gabinete Gondra Barandiarán

El nuevo Gabinete Gondra Barandiarán comienza su actividad con Balerdi. La línea infinita, dedicada a la faceta de dibujante de Rafael Ruiz Balerdi (1934-1992). Más de medio centenar de obras recorre su dedicación al dibujo desde los años cincuenta y permite acercarse a sus diferentes técnicas y temas.

El gabinete se convertirá además en el espacio destinado a presentar la colección de obra gráfica y fotografía del museo.

7. Auditorio

El museo recupera el Auditorio como uno de sus principales espacios para la actividad académica y cultural. Cursos, seminarios y conferencias convivirán con la programación cinematográfica, la colaboración con la Filmoteca Vasca y nuevos ciclos dedicados a la historia del videoarte y la creación digital.

8. Arteder

La Biblioteca y el Archivo se integran en Arteder, un programa que combina la dimensión física y digital de los fondos documentales del museo. La intervención ha permitido ampliar en más de 1.000 metros cuadrados la capacidad de depósito y reservar un espacio específico para investigadores externos y conservadores.

9. Taller de educación

El espacio Taller está destinado a la relación del museo con diferentes colectivos y a la creación de nuevas formas de aproximación al arte. Se plantea como un lugar de práctica, reflexión y colaboración con la comunidad artística y cultural.

10. Bildu(e)mak / Colecciones. Nuevas formas. Diseño y Arquitectura

La primera planta de Agravitas incorpora una sala de 900 metros cuadrados dedicada a la colección de Diseño y Arquitectura. Bajo el título Nuevas formas, se presenta una selección de los fondos recibidos junto a piezas emblemáticas de la historia del diseño contemporáneo.

Es uno de los nuevos contenidos que aporta la ampliación y que amplía el campo de acción del museo más allá de sus colecciones históricas de pintura y escultura.

11 y 12. BBKmuseoa. Galería y Terraza

La segunda planta de Agravitas alberga BBKmuseoa, la gran galería destinada a exposiciones temporales. Son 1.500 metros cuadrados diáfanos y seis metros de altura, prolongados hacia el norte y el oeste por una terraza perimetral de más de 500 metros cuadrados.

La galería inaugura su programación con la instalación sonora Respiración oceánica, de Itziar Okariz, acompañada por obras de artistas como June Crespo, Ibon Aranberri, Sergio Prego, Ana Laura Aláez, Gema Intxausti y Erlea Maneros, entre otros.

La terraza traslada la actividad expositiva al exterior con tres esculturas monumentales de Anthony Caro: Toronto Flats, Low Line Flats y Africa. Las dos primeras han sido donadas por la familia Foster y la tercera procede de la Colección Arango.

13. Ikuspuntua / Observatorio. Jorge Oteiza

El último de los 13 espacios se encuentra sobre el edificio de 1970. Diseñado por Luis María Uriarte en 2001, el ático recupera ahora su función como Ikuspuntua / Observatorio, un lugar dedicado a la reflexión a través de la obra de Jorge Oteiza conservada en el museo.

Un museo conectado con la ciudad

La ampliación permite al Bellas Artes de Bilbao aumentar su capacidad de exposición y actividad sin renunciar a la identidad de los edificios que forman el conjunto. La arquitectura de Foster y Uriarte introduce nuevas superficies y recorridos, pero también refuerza la conexión entre el museo, el parque y la trama urbana.

La intervención suma así una tercera arquitectura a las dos existentes y permite desplegar un programa que combina la presentación de las colecciones, las exposiciones temporales, la investigación, la educación y la creación contemporánea. Agravitas completa el conjunto y convierte sus distintos edificios y espacios en un único museo atravesado por diferentes épocas, lenguajes arquitectónicos y formas de entender el arte.