Barbara Sarrionandia

La ABAO Bilbao Opera ha cerrado su temporada en el Palacio Euskalduna con Andrea Chénier, la conocida ópera de Umberto Giordano ambientada en la Revolución Francesa. Es una obra que funciona muy bien en Bilbao porque depende casi en su totalidad de la fuerza de sus cantantes, y en esta ocasión la asociación acertó de lleno con el reparto elegido.

El peso de la función se mantuvo equilibrado gracias a sus tres protagonistas. Saioa Hernández debutaba en la temporada bilbaína y dejó una gran impresión; manejó el personaje de Maddalena con una voz madura y potente, logrando que su gran aria del tercer acto fuera uno de los momentos más aplaudidos de la noche. A su lado, el tenor Michael Fabiano compuso un Chénier valiente y con carácter. Aunque en los momentos de más exigencia física su canto sonó algo forzado, lo compensó con un fraseo elegante y un último acto bastante contenido y lírico. Por su parte, Juan Jesús Rodríguez defendió el papel de Gérard con la seguridad y la presencia escénica a la que nos tiene acostumbrados, demostrando un gran nivel técnico.

El resto del elenco cumplió con nota, desde los papeles secundarios —donde destacaron las intervenciones de Nancy Fabiola Herrera y Jorge Rodríguez-Norton— hasta la Bilbao Orkestra Sinfonikoa, que respondió con solvencia. Desde el foso, el director Guillermo García Calvo fue el gran aliado de la noche: su lectura de la partitura fue clara y cuidó mucho los volúmenes para que la orquesta no tapara a los intérpretes en los momentos más intensos.

La puesta en escena de Alfonso Romero, recuperada de una producción propia junto al Festival de Peralada, optó por la sencillez y la funcionalidad. La escenografía no buscó grandes riesgos ni deslumbrar, pero acompañó bien el drama, destacando especialmente el uso del color rojo en el tercer acto.