“A Canfranc le llamaban la Casablanca del Pirineo”

Entrevista a Rosario Raro

Una historia de amor en plena guerra mundial

‘El cielo sobre Canfranc’, Planeta

Rosario Raro (Segorbe), ha centrado buena parte de su producción literaria en la imponente estación de Canfranc, un edificio ferroviario que actualmente se ha restaurado, pero que durante mucho tiempo tuvo un aspecto fantasmagórico. Por allí transitaban en su día espías, soldados alemanes, miembros de la resistencia, refugiados judíos… y en este relato una insólita historia de amor y una trama de intriga.

Arturo Trueba

¿Qué te llevó de Segorbe a Canfranc?

Esa es la pregunta. Soy de Castellón, como sabes. Pero todo fue que yo vi la fotografía de la estación en un libro que se llama ‘Lugares abandonados’, porque cuando empecé a escribir sobre Canfranc en 2012 ese era el estado en el que se encontraba. Pensé que era un edificio de Centro Europa, pero cuando supe que estaba en Huesca, Aragón, en el Pirineo, me atrapó, se convirtió en una saludable obsesión. Cada vez que tenía un rato libre me ponía a leer sobre lo que había sucedido allí. Cuando llegué a acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial me di cuenta de que no había una novela sino treinta, por lo menos.

Sí, sí, porque aquello era un nido de espías, ¿no?

Le llamaban la Casablanca del Pirineo. La fonda era como el Café Berlín. La estación internacional era un entorno muy cosmopolita en una zona eminentemente rural y ganadera. Además, se creó como con los pobladores del ferrocarril del oeste. Era la puerta de entrada de los Pirineos Centrales, pero era el camino más corto entre Madrid y París, y lo que se intentó con el edificio era deslumbrar, cuando llegaran los pasajeros desde el norte pensaran que todo era así. Pero, claro, cuando atravesaban la estación, en la España de posguerra ya se desmentía esa impresión.

¿Cómo transcurre la historia de amor en tiempos de guerra?

Precisamente, han puesto de resumen esa frase: “el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”, la de Casablanca, porque de las cuatro novelas que he publicado con Planeta esta es la primera donde la historia de amor ocupa un lugar central, porque en las anteriores tenía mucho más peso la trama social, mientras que la trama de amor era una subtrama. En este caso, es lo que lo estructura todo. Y creo que tiene bastante de simbólico también. Por una parte, porque representa el idilio éste que mantengo yo con Canfranc, que por suerte es recíproco desde hace casi ya diez años. Pero, por otra también, porque quería dar idea de que en las peores circunstancias puede salir lo mejor del ser humano, y que no fuera una historia de buenos y malos. Que no fuera maniqueísta, sino que de los miles soldados alemanes que estaban en la frontera, el amor de Valentina Báguena a Franz lo individualizaba. Ella trabajaba para la resistencia, pero que tampoco había una ideología detrás, sino que era por una cuestión humanitaria.

Tu idilio por Canfranc se nota porque pasando por ahí se ven en un escaparate de un supermercado un montón de libros tuyos

Sí, además enfrente de la estación, sí, jeje… los conozco.

¿Eres esquiadora?

Pues no. Me he encontrado hombres por toda España, de los lugares más alejados, que saben esquiar precisamente porque hicieron la mili allí, en Canfranc, en Jaca. Hacían las maniobras en Ríoseta también. Pero mi atracción en este caso se limita a las montañas, pero no para descenderlas. El centro de Alurte de prevención de los aludes, por ejemplo. O la obra de reforestación que se hizo para prevenir los aludes también tuvo mucha importancia. Lo que se ve es la arquitectura de la estación, pero que el entorno también tuvo unas acciones muy dignas de nombrar.

¿Por cierto, a la estación que se ha restaurado qué futuro le espera?

Yo veo que es positivo, porque todo lo que sea rehabilitación, que no caiga en la ruina más absoluta porque cuando empecé a escribir sobre Canfranc estaba abandonada. Pues que haya un hotel en la segunda planta, el mismo que sale en mi novela (entonces era el Hotel Internacional) pues, bueno, llenará de vida la estación, si no de pasajeros al menos de huéspedes y, por fin, le quitará ese halo fantasmagórico que tiene. Porque lo de abrir el paso a Francia por ferrocarril es más complicado.

¿Por qué elegiste la fecha del incendio del pueblo de Canfranc?

El incendio fue real. Yo he visto documentales del Nodo para ver cómo lo habían tratado, porque nunca se reconstruyó el pueblo. Dependía de Regiones Devastadas, pero fue un acto de propaganda más del régimen, y el dinero nunca llegó allí. Y es que casualmente empieza, sucedió el 24 de abril del 44, y en hora y media ardieron 130 casas y ese fue el principio y el final de lo que la gente llama el pueblo quemado. Fue una de las mayores estafas de la Historia de España. Los hechos son reales todos, lo que me facilita mucho no tener que tomar decisiones sobre qué escribir, dónde sucede la historia, quienes son los personajes o, por ejemplo, de la época, las acciones, porque la realidad siempre nos proporciona los mejores argumentos. No es posible enmendarle la plana, aunque queramos.

En estos tiempos estamos padeciendo eso también, la realidad siempre supera a la ficción… con lo Rusia, Ucrania que, por cierto, tiene mucha actualidad con tu obra, por el trasfondo de la segunda guerra mundial

Sí, además hay un fragmento que habla precisamente de Ucrania. Hay una serie de hechos que sucedieron allí, porque durante la primera guerra mundial fue una de las zonas más masacradas. En la Segunda Guerra Mundial lo mismo, y ahora estamos viendo imágenes que si las viéramos en blanco negro pensaríamos que, las que suceden en la frontera entre Polonia y Ucrania, pertenecen a la Segunda Guerra Mundial, y no a estas alturas del milenio, en la que parece que no evolucionamos como especie.

También tratas el tema de los refugiados en tu novela

Sí, porque, claro, se salvaron muchísimos judíos cruzando por allí porque les ayudaron con toda la infraestructura que tenían montada, desde Marsella hasta Pau, para que pudieran cruzar los Pirineos, mientras estuvo abierto el paso del ferrocarril en tren, y luego andando por la montaña. Fue una de las principales vías de escape de Europa porque luego llegaban a Zaragoza, de ahí Madrid y luego a Lisboa, donde cogían un buque para América. Se salvaron muchas personas, aunque ojalá hubieran sido muchísimas más.

¿Es una novela más romántica que histórica?

Yo intento que no se escriba un solo género porque, como pretendo que sea de cariz realista, me interesa que contenga todos los géneros. Que tenga, como tú me decías, una parte histórica, romántica, pero también la parte de novela negra, policiaca, porque hay una investigación en marcha, que tiene una parte de misterio e intriga, que refleje la vida de alguna forma.

¿Tenía algún tipo de referencia acerca de esos personajes franquistas de la época? ¿O son de ficción?

Los personajes reales que nombro está todo documentado, pero, como tenemos que espectacularizar para conmover, la parte de ficción está en la intrahistoria, pero todos los sucesos que yo cuento sucedieron exactamente así. Me he leído cosas tan divertidas como el BOE, y para ver todo los de la Regiones Devastadas, pero también tengo comprobado que cuanto más me documento más rápido lee el lector. En esta novela tengo algunos casos que en dos noches se la han leído.

Nos tendrás que hacer una visita guiada por allí con el Canfranero, ¿no?

Sí, además ganamos el premio a la mejor experiencia turística de Aragón 2021, que consiste en un viaje realizado en tren que sale de Jaca, y cuando llega a Canfranc hay un recorrido por los escenarios de la novela y por los búnkeres de la línea defensiva del Pirineo. Se va a presentar la ruta literaria aquí en Bilbao en Expovacaciones del 6 al 8 de mayo. Que vengan de Bilbao a Canfranc, que yo les atenderé muy bien. El tren es de la línea de Zaragoza. Es muy bonito. Ahora ese trayecto desde Zaragoza tarda ahora un cuarto de hora más que en 1929. Para que veas cómo está el trazado, pero parece que ahora van a invertir bastante en arreglar la vía, los accesos… Las máquinas eran de carbón y la vía estaba en mejor estado. Les interesaba que todo funcionara muy, al menos hasta la guerra, en la que todo saltó por los aires. Hay sitios como en el viaducto de Segarbe, en lo que llaman el caracol, que impresiona porque está en medio de un valle, con las montañas tan cerca y esas alturas tan imponentes… el trayecto lo recomiendo como tren turístico. Puedes hacer buenas fotos porque va a treinta por hora.

¿Cuál es tu próximo proyecto?

Hasta después del verano voy a estar inmersa en el mundo Canfranc porque tengo muchas actividades por allí en julio y agosto. En septiembre ya me pondré manos a la obra, pero no tengo decidido. Me gusta mucho la periodicidad de los ciclos de la naturaleza de septiembre a junio.