Naiara Cabezas Zabala
Tal como indican los registros del siglo XVI, Hamnet y Hamlet son el mismo nombre. Desde esta premisa nace un viaje hacia las profundidades del dolor humano y la dura realidad de lo que implica perder a un ser querido.
Basándose en esta idea, sobre la que no hay constancia histórica oficial, Maggie O’Farrell reimagina la historia de Shakespeare en su novela. Una narrativa desgarradora que Chloé Zhao transforma en película, conservando sus pilares fundamentales y confiándolos a dos intérpretes excepcionales: Jessie Buckley y Paul Mescal. Buckley, en el papel de Agnes Hathaway, ofrece una interpretación tan intensa que el espectador palpa el amor, dolor y tragedia que conlleva la muerte de un hijo. Mientras ella cautiva con su diálogo y fuerza emocional, Mescal trabaja con el silencio y la mirada, construyendo un William Shakespeare distante para nosotros, pero cercano para su familia.
Zhao nos introduce en un mundo lleno de simbolismos y metáforas que atraviesan la película, relacionando la tragedia con el origen de las mentes más creativas. La naturaleza, la fotografía y la música de cada escena no solo crean atmósfera, sino que se convierten en vehículos de los sentimientos de los personajes, actuando casi como un personaje más que acompaña al amor y a la tragedia.
El final es tan crudo y directo como los sentimientos que emergen de una tragedia, pero al mismo tiempo rebosa de epicidad y ofrece una reconciliación sobre lo que significa amar.
Lo que se sabe de la muerte de Hamnet
Según el biógrafo estadounidense Park Honan, Hamnet, el hijo de Shakespeare, murió a los 11 años, aunque las causas exactas de su fallecimiento nunca fueron certificadas oficialmente. Los registros municipales de Stratford indican que fue enterrado el 11 de agosto de 1596. En aquella época, la muerte infantil no era inusual: se estima que cerca de un tercio de los niños fallecían antes de cumplir los 10 años. Por ello, muchos historiadores consideran plausible que Hamnet muriera a causa de la peste, aunque también se barajan otras posibilidades, como el tifus, una enfermedad igualmente mortal en aquella época.
