Félix Modroño, nació en Portugalete hace 58 años. El autor de La ciudad de los ojos grises culmina su trilogía de Bilbao con una historia en La ciudad de la piel de plata, editada por Destino, que incluye sus propias vivencias de ida y vuelta que le obligaron, a causa del terrorismo, a amar la ciudad en la distancia. Es una novela sentimental, pero también histórica contemporánea del periodo desde las Inundaciones a la inauguración del Guggenheim.

 

La historia de Alberto Cepeda tiene muchos paralelismos con el propio autor, ¿verdad?

Sí, era obligado, digamos, ajustar cuentas con mi pasado. Alberto Cepeda, evidentemente, tiene mucho de Felix Modroño y tiene gran parte también de un amigo de Álvaro Rey, que fue el ingeniero realmente en el que está basada la historia, que me la hizo suya y me abrió la puerta a sus recuerdos y la verdad. Entonces, entre él y yo hicimos un personaje creo que muy entrañable.

 

El personaje principal es el hijo de una familia que tuvo que salir de aquí ¿no?

Como tantos otros miles de familias. Curiosamente, en el caso de mi padre, era simplemente un jefe administrativo de una empresa constructora en este canal que exista ahora. Pero claro, cuando le pusieron la bomba a la empresa, obviamente pensó que no podía seguir mirando el coche todos los días y que no era un lugar seguro. Además, ellos no habían nacido aquí. Sin embargo, para mí sí que supuso un problema de desarraigo el tener que irme con 15 años, dejar a mis amigos, mi colegio, mi entorno, mi primer amor. El cambio más traumático de mi vida. A partir de ahí, me hice nómada, no quise enamorarme nunca más de ningún lugar. He vivido ya en 30 casas diferentes en mis 58 años.

 

¿Su novela es una crónica sentimental sobre la transformación de Bilbao?

Es sentimental, efectivamente. Ahí estaba el reto de poder aunar las dos cosas, convertirlo en una novela y, si me apuras, diría que incluso es costumbrista, porque es un retrato de la época en la que todo el mundo se siente identificado, o mucha gente se siente identificado con alguno de los personajes.

 

En el 40 aniversario de las inundaciones de Bilbao, se está escribiendo sobre esa época. ¿Bilbao era tan feo?

Bueno, creo que era feo para todos, pero no éramos conscientes de esa fealdad o estábamos muy orgullosos de la ciudad que teníamos, independientemente de todo. Los bilbaínos siempre hemos sido muy orgullosos de lo nuestro y eso creo que también es lo que nos ha permitido transformar la ciudad. Nunca hemos renegado de lo que hemos sido, todo lo contrario, pero a la vez éramos conscientes de que necesitaba una transformación. Se pensó incluso en soterrar la ría de una ciudad que vivía a espaldas de la ría.

Haber podido transformar esa ciudad está al alcance de muy pocas idiosincrasias a nivel internacional. Creo que el caso de Bilbao no lo digo yo, es un caso único en el mundo, con el metro y el Guggenheim. Muchas otras ciudades han querido imitar el modelo bilbaíno sin conseguirlo. El Museo Guggenheim fue considerado como el edificio más grande de nuestra era por el decano de los arquitectos estadounidenses, que eso es mucho de decir, pero fue no solo por la calidad artística que lleva el edificio, sino también por todo lo que conllevó. 

 

Las Inundaciones de Bilbao y la llegada del Museo Guggenheim, son dos momentos marcados en la historia de la ciudad. 

Esos años en Bilbao fueron absolutamente caóticos. La construcción del metro supuso también un absolutamente caos. Y de repente surge como una mariposa y aflora todo, la que se convierte en la ciudad. Pero esos años fueron absolutamente caóticos y con un entorno terrorista detrás. Se inicia la transformación de Bilbao, pero el problema terrorista persistía. Eso dura durante muchos años. El propio Guggenheim que estuvo amenazado. La verdad que tuvo mucho, tuvo mucho mérito. Entonces es que estábamos tan acostumbrados a la violencia diaria que no éramos conscientes de lo que estábamos haciendo. No fue una transformación de la ciudad, fue una transformación social y un arrinconamiento, por supuesto, del terror. Esta novela también, de alguna manera, es un poco mi reivindicación a todos los años de silencio y de miedo que yo personalmente tuve, y supongo que, como yo, muchos otros.

 

Hay muchos sitios reales o personajes como Boni, el del Lago; la Otxoa o Juankar, el del Muga.

Sí, es que lo que quería era retratar Bilbao e incluir a mis personajes de la manera más suave posible dentro de la ciudad. No me he permitido licencias, no quería licencias. Esto no es una novela negra en la que no se pueden permitir licencias. Esta es una novela histórica contemporánea, con la dificultad añadida de que todos conocemos esa época, con lo cual retratarla no deja de ser un reto. Por ejemplo, Boni sufrió las inundaciones y Juankar ponía la música de la época en el Muga.

 

Varios personajes son de la empresa que construyó el Guggenheim. ¿Cuál fue la inspiración para ello?

Por ejemplo, a Álvaro Rey, al que busqué a través de una amiga en común para conocerlo, ya sabía que había entrado a trabajar en el Guggenheim con 27 años. Me apetecía mucho conocerlo. La primera entrevista fue muy protocolaria en su despacho y con el tiempo, entre comidas y gin-tonics, me permitió conocerle a él como persona y ha sido muy generoso, contándome sus experiencias.

Entre ellas, cuando estuvo en Santa Mónica con el propio Geri o uno de los momentos menos conocidos, cuando Gehry recibe una amenaza de ETA comunicándole que la construcción del Guggenheim estaba en contra de los intereses del pueblo vasco. Todo eso, en realidad, todo eso me lo ha contado Álvaro. Son cosas que realmente no se sabían.

 

Hay dos personajes femeninos y el primero de ellos, sin duda, parece que refleja el primer amor.

Sí, efectivamente. Arantza representa aquel primer amor que perdí al irme y digamos que siempre ha estado ahí como latente. Esa historia de qué hubiera pasado si me hubiera quedado. Siempre te acompaña a lo largo del tiempo, sobre todo cuando a lo mejor tu vida sentimental ha sido azarosa. Pero bueno, la vida está llena de casualidades y de toma de decisiones. Arantza representa el pasado, el recuerdo, el Bilbao que fue. Y en cambio Izarbe, representa todo lo contrario, es el Bilbao que viene.

 

El nombre de Izarbe, ya viene de su primera novela. ¿Qué significa este nombre para ti?

Izarbe es un personaje muy entrañable de la ciudad “Los ojos grises”, efectivamente, y es lo que me permite escribir una trilogía, el hilo conductor. Es un personaje femenino que realmente es Bilbao, una metáfora de la propia ciudad. Aparte, quería escribir tres novelas en momentos históricos diferentes, para que se pudieran leer de manera independiente cada una de ellas, pero que a la vez tuvieran un sentido global de Bilbao. Y esto ha sido posible gracias al personaje de Izarbe y a Bilbao, que dan sentido a las tres novelas. Y se cierra la trilogía. Me he quedado en paz