Tras una inversión de más de 20 millones de euros y tres años de obras, Euskal Museoa Bilbao se reinventa como un museo contemporáneo, inmersivo y abierto al mundo. La institución centenaria reabre el próximo 10 de junio con acceso gratuito durante sus primeras semanas y el objetivo de convertirse en la gran puerta de entrada a la cultura vasca.
Bilbao suma un nuevo hito cultural. Después de una transformación arquitectónica y museográfica, Euskal Museoa Bilbao vuelve a abrir sus puertas al público con una propuesta renovada que aspira a situar la cultura vasca en el mapa internacional y acercarla a nuevas generaciones de visitantes.
La reapertura, prevista para el próximo 10 de junio, marca el inicio de una nueva etapa para una institución con más de cien años de historia que ha sido completamente redefinida para responder a los retos culturales del siglo XXI. El museo ofrecerá entrada gratuita hasta el 21 de junio para que quien quiera pueda descubrir de primera mano el resultado de una de las mayores intervenciones culturales realizadas en Bizkaia en los últimos años.
Lejos de plantearse como un espacio expositivo tradicional, el nuevo Euskal Museoa apuesta por una experiencia inmersiva donde arquitectura, patrimonio y tecnología se unen para construir un relato sobre la identidad vasca.
El proyecto, denominado Eko Nekta y firmado por los arquitectos Antonio Vaíllo y Juan Luis Irigaray, recupera el valor histórico del antiguo Colegio de los Jesuitas del siglo XVII y lo integra con una museografía contemporánea que convierte cada espacio en una experiencia sensorial.
La propuesta gira en torno al concepto “Aretz Bizia” (Roble Vivo), una metáfora que recorre todo el museo y simboliza la cultura vasca como un organismo vivo que hunde sus raíces en la tradición mientras proyecta sus ramas hacia el futuro.

Más espacio, más patrimonio y una inversión histórica
La transformación ha supuesto una inversión de 20,4 millones de euros financiada por la Diputación Foral de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao. La intervención ha permitido ampliar significativamente los espacios expositivos, incorporar nuevas áreas de actividad cultural y adaptar el museo a los estándares actuales de accesibilidad y sostenibilidad.
Las cifras reflejan la magnitud del proyecto: cerca de 800 profesionales han participado directamente en las obras, se han utilizado más de 200.000 kilos de acero, instalado 1.500 metros cuadrados de nuevos forjados y aplicado 12.000 metros cuadrados de revestimientos de mortero de cal.
Pero más allá de los números, la reforma ha permitido recuperar piezas históricas que nunca antes habían sido expuestas y ofrecer una nueva lectura de una colección formada por más de 50.000 objetos.
El nuevo museo se articula en cuatro grandes espacios.
El edificio Misericordia actúa como carta de presentación y alberga algunas de las piezas más emblemáticas de la colección. Entre ellas destacan la histórica cocina económica fabricada para el Restaurante Víctor de Bilbao en los años cuarenta o el excepcional conjunto patrimonial del taller de sillería de Francisco Urra.
Uno de los elementos más sorprendentes de la renovación es el llamado “tronco ingrávido”, una gran estructura revestida de madera que simboliza el tronco del roble y que está dedicada al euskera. En este espacio, el idioma se presenta como la savia que conecta pasado, presente y futuro de la cultura vasca.
El histórico Claustro del siglo XVII, considerado el corazón del museo, ofrece una visión global del patrimonio histórico y antropológico vasco. Preside este espacio el célebre ídolo de Mikeldi, una de las piezas arqueológicas más icónicas de Euskadi.
Por su parte, el edificio Unamuno Plaza, que abrirá progresivamente durante el otoño, acogerá espacios tan innovadores como la sala BIL(V)BAO, dedicada a la transformación industrial de la villa, el laboratorio gastronómico Lapikotik, exposiciones temporales y un depósito visitable que permitirá conocer cómo se conservan y restauran las colecciones.
El recorrido se completa con el edificio Kurtze, concebido como el área más funcional del complejo y destinado a actividades educativas, conferencias, talleres y programas de participación ciudadana.
Uno de los aspectos más singulares de la nueva propuesta museográfica es el protagonismo otorgado al euskera. La lengua vasca deja de ser un elemento complementario para convertirse en uno de los pilares del relato expositivo.
El museo presenta el idioma como un elemento esencial para comprender la historia, la identidad y la evolución social de Euskadi, destacando además su proceso de recuperación y consolidación como uno de los casos de revitalización lingüística más reconocidos internacionalmente.
La reapertura también viene acompañada de una renovación digital. El museo estrena una nueva página web, contenidos audiovisuales, recursos educativos y un catálogo actualizado que recoge cien de las piezas más destacadas de la colección.

