Con el nombre Bildu(e)mak, el Museo de Bellas Artes de Bilbao propone una nueva mirada a su colección a través de una selección de cerca de mil obras de diversas épocas, procedencias y disciplinas en un intenso recorrido, que va desde la Antigüedad hasta la creación más actual. Tras un tiempo guardadas, las obras de las colecciones del museo vuelven a su lugar. El 6 de octubre regresan con más espacio y una nueva museografía.
Incluyendo un selecto conjunto de reconocidas obras maestras, las primeras etapas atraviesan la tradición clásica, la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco occidental junto con un grupo de objetos de arte japonés que ponen en evidencia la riqueza y heterogeneidad de los fondos. Al aproximarse al siglo XX, la modernidad renueva el enfoque de la pintura, la escultura y las artes aplicadas, mientras que movimientos de vanguardia como el cubismo o el surrealismo amplían las técnicas y los temas. Todo ello concreta una época de extraordinaria libertad creativa marcada, a su vez, por las tensiones que desembocaron en conflictos bélicos de enorme alcance.
Tras las guerras, una forma nueva de entender la creatividad transformó radicalmente los códigos artísticos. La abstracción, el arte geométrico y la experimentación con nuevos lenguajes, materiales y maneras de concebir la obra terminaron por romper las fronteras entre disciplinas.
Con estas ideas de fondo, el nuevo montaje articula temas, géneros y movimientos artísticos en dos grandes secuencias temporales: en el edificio antiguo, la cronología llega hasta las primeras décadas del siglo XX, mientras que en el moderno, el relato alcanza nuestros días.
Esta propuesta trasluce una nueva sensibilidad en la representación del trabajo de las artistas mujeres y en la consideración de las donaciones, depósitos y legados que forman la base social de la colección con los ejemplos sobresalientes de las donaciones Ordóñez-Falcón, Begoña María Azkue, Óscar Alzaga, Bergé y Cía S.A., o Roberto Sáenz de Gorbea, y los depósitos de obras Max Ernst y de la colección Arango, entre otros.
Una política continuada de adquisiciones completa y amplifica los relatos de la colección con obras de Cornelis Van der Voort, Federico de Madrazo, Paul César Helleu, Olga Sacharoff o Remedios Varo, al tiempo que dan impulso al sistema de la creación artística más contemporánea.
Sala 1. Orígenes
Las obras de la primera sala comparten la primigenia ocupación del arte en lo espiritual y lo trascendente. Un askos (recipiente cerámico griego) del s. IV a.C. y obras del románico se confrontan con una obra de Lorea Alfaro (Estella-Lizarra, Navarra, 1982), una fotografía en la que la artista aparece junto a un kouros de la Grecia arcaica.
Sala 2. A la manera de Italia
Un conjunto de obras españolas, francesas e italianas de entre los siglos XIV y XV, muestra cómo la nueva ordenación espacial y narrativa del arte sacro italiano tuvo su adaptación a las tradiciones locales. Isabel Baquedano (Mendavia, Navarra, 1929-Madrid, 2018) interpreta también la imagen devocional con sensibilidad propia.
Sala 3. Reflejos del norte
El Renacimiento del norte aporta nuevos códigos al arte europeo. Los hallazgos de la pintura hispanoflamenca de Diego de la Cruz y Bartolomé Bermejo conviven con el nuevo desnudo femenino de Lucas Cranach el Viejo o las estampas de Durero. La maternidad, que en el pasado fue religiosa, llega a nuestros días en la versión laica de María Franciska Dapena (Barruelo de Santullán, Palencia, 1924-Bilbao, 1995).
Sala 4. Colección Palacio de arte oriental
La colección japonesa de José Palacio, legada por María de Arechavaleta en 1954, reúne estampas, cerámicas, netsuke (cierre para el kimono), tsuba (guarda de sable), inro (pequeño contenedor), suzuribako (caja de escritura) y otras piezas lacadas. Aquí, la narratividad propia del emaki (rollo ilustrado) convive con el teatro de sombras de las estampas de Alazne Zubizarreta (Arrasate, Gipuzkoa, 1994).
- Amberes
En el siglo XVI Amberes fue uno de los mayores puertos europeos. Sus numerosos talleres artísticos consolidaron el uso del óleo y la especialización por géneros, como la pintura mitológica -Martin de Vos-, religiosa -Jan Gossart-, de arquitecturas -Vredeman de Vries- o burlesca -Jan Mandjin-. Con delicadeza propia, Miren Arenzana (Bilbao, 1965) replica en sus obras el preciosismo formal de los tocados flamencos.
- Viaje del Greco
El Greco y el divino Morales dotan a la imagen de una nueva intensidad que transforma la herencia italiana en un lenguaje de luz irreal y emoción tensa en el que conviven materia y espiritualidad. En un panorama de dominio masculino, la pintora italiana Sofonisba Anguissola (Cremona, 1535-Palermo, 1629) se distingue por su refinamiento.
Sala 7. Diplomacia
El retrato fue uno de los principales instrumentos de representación del poder en las cortes históricas europeas. Ese mismo propósito de Moro, Sánchez Coello, Pantoja de la Cruz o Pourbus se extiende a la pintura religiosa, que Gentileschi o Van Dyck conciben con una ambición acorde con el estatus de sus promotores. Alicia Framis (Mataró, Barcelona, 1967) evoca la relación entre arquitectura y autoridad en pequeños modelos de espacios jerarquizados.
Sala 8. Drama de lo real
La expresividad barroca culmina en estudiadas composiciones que tensionan el claroscuro y la representación anatómica y gestual para visibilizar el sufrimiento interior. Ribera, Orrente y Castelló traducen esta intensidad física al servicio de la fe contrarreformista. Mientras, Nadia Barkate (Bilbao, 1980) concentra la energía expresiva en la nerviosa gestualidad de las manos.
Sala 9. Sevilla
Sevilla tuvo durante el siglo XVII un activo mercado artístico de obras para exportar al Nuevo Mundo y para una clientela privada. Murillo y Zurbarán dominan la producción religiosa, mientras que Ignacio de Iriarte trabaja el valor autónomo del paisaje. Carmen Laffón (Sevilla, 1934-Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 2021) retoma la poética sencilla de las naturalezas muertas en una obra bellamente iluminada a mano con pintura al pastel.
Sala 10. Géneros
La pintura de vistas de Paret, Gutiérrez Cabello y Bellotto, las naturalezas muertas de Meléndez, Arellano o Mignon, o el paisaje proto romántico de Ruisdael expresan la diversificación de los géneros y un interés por el mundo visible que se extiende a otras culturas. El plato de Iznik (Turquía) y los objetos japoneses Namban creados para la exportación, representan esa curiosidad por la otredad.
Sala 11. Letanías
Inmaculada, madre de dios, reina o intercesora, los títulos de María inspiran en Antolínez, Carreño y Amigo ampulosas escenografías concebidas para provocar el mismo asombro y devoción que concentran la custodia en plata y la Virgen de Guadalupe, del siglo XVIII. La fotógrafa Graciela Iturbide (Ciudad de México, 1942) recoge la veneración de esa iconografía milagrosa, esta vez, tatuada en la piel.
Sala 12. El retrato
El academicismo del siglo XIX codifica el retrato -como en Vicente López o los Madrazo- a partir del virtuosismo del atrezo, el gesto y el escenario. Como en otros aspectos de su obra, Goya eleva el género hasta la modernidad a partir del testimonio sincero de su amistad con Zapater y Moratín. Por su parte, Zuloaga y Sorolla recogen y renuevan con mayor libertad el legado de la escuela española. Ana Laura Aláez (Bilbao, 1964) desplaza la apariencia hacia la intimidad de un retrato interior.
Sala 13. Realismo(s)
Durante el siglo XIX el gusto burgués favoreció un interés por el paisaje -Fortuny- y lo anecdótico -Zamacois, Bouguereau, Benlliure-, al tiempo que el realismo social -Doré- se vuelca en la pobreza y el desarraigo. Mientras, pioneros de la fotografía como Nadar fijan la presencia individual con la inmediatez de la instantánea. En este panorama, la francesa Rosa Bonheur (Burdeos, 1822-Thomery, 1899) alcanza su singular magisterio en la pintura de animales.
Sala 14. Zuloaga. Entre siglos
En el tránsito del siglo XIX al XX, naturalismo, impresionismo y simbolismo conviven en las obras de Guiard, Rusiñol, Beruete, Iturrino, Zuloaga, Romero de Torres o Zubiaurre. La sofisticación reciclada de Dora Salazar (Alsasua, Navarra, 1963) aporta su particular memento mori a la sala.
Sala 15. Arte moderno
En torno a 1900, los motivos pictóricos siguen siendo reconocibles, pero los artistas manejan la luz, el color y la superficie con una libertad que anuncia el nuevo siglo. París actúa como foco de modernidad y las novedades se reformulan en ámbitos locales. Guiard, Zuloaga, Regoyos, Durrio, Iturrino, Echevarría, Canals, Nonell, Anglada Camarasa transitan caminos abiertos por Helleu, Cassatt, Gauguin o Serusier, al tiempo que la fotografía y las estampas japonesas amplían el horizonte visual.
- París/Roma. Pensionados
Aunque a finales del siglo XIX París desbancó a Roma como centro artístico, la tradición italiana se aprecia en artistas vascos que trabajaron en ambas ciudades, como Guinea, Larroque y Mogrobejo. En la capital francesa desarrollaron parte de su trayectoria Barrueta, Picasso, González y Durrio, quien tuvo un papel crucial como difusor de tendencias entre los artistas españoles en París. Susana Talayero (Bilbao, 1961) usa el archivo fotográfico de sus años romanos en un relato de ese periodo formativo.
- Eternidades
La idealización del trabajo rural y el mundo autóctono interesó a artistas de comienzos del siglo XX, como se ve en las fotografías de Acillona o en la serie de pinturas de Arteta para el comedor del Palacio Munoa (Barakaldo, Bizkaia). El recurso a lo rural convivió con lo urbano en escenas de trabajo obrero y suburbios fabriles y en interiores con personajes ensimismados, como en Marisa Roësset o Cristóbal Ruiz.
- Et in Arcadia ego
La nostálgica emoción hacia los paisajes, las tradiciones y el modo de vida ancestral vascos, en profunda transformación a lo largo del siglo XX, queda expresada en las pinturas y esmaltes de los hermanos Zubiaurre o los Arrue. Los fotógrafos Manterola y Eulalia Abaitua documentan el duro quehacer de hombres y mujeres que labran la tierra, lavan la ropa a orillas del Nervión o venden pescado en el mercado.
- Intrahistoria
España negra es el libro que el pintor Darío de Regoyos y el poeta Émile Verhaeren publicaron en 1899 tras un viaje por la península en el que anotaron el lado más anclado en el pasado de la vida. Los artistas reunidos en esta sala -Maeztu, Regoyos, Gutiérrez Solana o Zuloaga- participan de esa visión sombría que se desarrolla en paisajes ásperos y en sórdidos escenarios suburbiales o, en el caso de la pintora y grabadora Mari Puri Herrero (Bilbao, 1942), en nocturnos que aluden al final del franquismo.
- Ibéricos
Artistas contrarios a las caducas estructuras oficiales impulsaron en 1925 la creación en Madrid de la Sociedad de Artistas Ibéricos. Entre ellos se encontraban reconocidos creadores como Echevarría, Arteta, García Maroto, Solana, Guezala o Quintín de Torre y jóvenes que daban sus primeros pasos como Dalí, Ucelay o Bikandi. De ese deseo de renovación dan cuenta también la pintora María Vallejo y la escultora Eva Aggerholm.
- Vanguardias
En los años de la Primera Guerra Mundial, la llegada a Madrid, Barcelona o Bilbao de creadores de la vanguardia europea cubista y futurista, como Lipchitz, Natalia Goncharova o Robert y Sonia Delaunay, posibilitó nuevas orientaciones estéticas para el arte contemporáneo español. Los avances tecnológicos, la vida moderna, la velocidad y el dinamismo acapararon también el interés de Guezala y Lagar.
- De cubismo
En las dos primeras décadas del siglo XX el cubismo rompió con la representación naturalista y con las reglas de perspectiva. Fue un movimiento plural con una común preferencia por la fragmentación afacetada del espacio, la geometrización de los objetos, la temática bodegonista y un particular uso del color. A su vez, sirvió de fermento para otros “ismos” de vanguardia, del futurismo al surrealismo. Algunos artistas como Blanchard o Lipchitz se vincularon a las fórmulas cubistas solo durante un tiempo.
- Nueva objetividad
En la segunda mitad de los años veinte la pintura europea vivió una “vuelta a lo real” para desentrañar el misterio que se escondía detrás de lo representado. En pinturas y fotografías, las formas nítidas, el tiempo detenido o los objetos cotidianos aislados provocan un sentimiento de extrañeza. Lo cercano se vuelve misterioso. Artistas de la generación anterior, como Clará, Sunyer y Arteta, fueron referencias obligadas para la nueva generación de pintores, de la que forman parte Olga Sacharoff y Remedios Varo.
- Surrealismos
Inicialmente vinculado a la literatura, el surrealismo rechazó la intervención de la razón en el proceso creativo. En esta sala se reúnen ejemplos significativos de este movimiento, desde las propuestas pioneras de Max Ernst hasta la obra de Nicolás de Lekuona. La irracionalidad y lo fortuito, las imprecisas fronteras entre cuerpos naturales y artilugios mecánicos se manifiestan en otras obras aquí presentes, como la película de Man Ray o el cuadro de Ana Román (Bilbao, 1962).
- Pintura poética
El surrealismo empleó novedosos procedimientos para liberar el subconsciente, como el automatismo, la pintura basada en la unión de objetos dispares, el collage, el fotomontaje, el biomorfismo o el “cadáver exquisito”. En este último, varias personas crean un dibujo sin conocer el precedente. Otros pintores vinculados a la “figuración lírica”, como Bores, Olivares o Esteban Vicente, adoptaron el grafismo espontáneo o el juego con la materia pictórica.
- Guerra
La Guerra Civil fracturó en 1936 la modernización del arte español a comienzos de siglo y alteró también la cultura internacional. La pintura, la fotografía, la escultura y las artes gráficas -Robert Capa, Luis Fernández, Picasso o Kokoschka- acusaron de inmediato el drama de la guerra: los bombardeos indiscriminados, las evacuaciones masivas, los campos de internamiento y el exilio.
- Un nuevo comienzo
En torno a 1948 eclosionan en el arte español las primeras tentativas de vanguardia de posguerra. Ausentes varios protagonistas de la renovación anterior -el pintor Joaquín Torres García, vuelto a su Uruguay natal, o el escultor Alberto Sánchez, exiliado en la Unión Soviética-, nuevos autores y lenguajes se abren paso. De regreso ese año de Sudamérica, Oteiza se instala un tiempo en Bilbao y Chillida inicia su andadura profesional.
- Posguerras
Artífices de una renovación no vanguardista, algunos artistas recuperan géneros tradicionales como el retrato, la naturaleza muerta o el paisaje. Ortega Muñoz, Zabaleta, Díaz-Caneja o Palencia influyen en jóvenes que comienzan sus carreras como Menchu Gal. Ucelay, retornado de su exilio en 1949, proyecta su mirada onírica sobre su paisaje natal, mientras que Campligli aporta un ejemplo de modernidad arcaizante.
- Hacia la abstracción. París-Nueva York
Signo de modernidad en la primera década del franquismo, la abstracción y la experimentación formal se manifiestan en el arte español entre 1947 y 1953. Son muchos los artistas que en esos años viajan a París, todavía capital del arte moderno: Mari Paz Jiménez, Gonzalo y Eduardo Chillida, Sempere, Palazuelo o José Guerrero. Tras un primer viaje allí en 1956, Balerdi trabaja en una obra geométrica y Esteban Vicente, desde Nueva York, se consolida como una figura del expresionismo abstracto norteamericano.
- Bienal de São Paulo
Aunque ausente en la primera edición de la Bienal de São Paulo (1951), el arte contemporáneo español tuvo presencia regular en las siguientes convocatorias, utilizadas por el franquismo como herramienta de propaganda cultural en el exterior. La cuarta edición, celebrada en 1957, reunió en el pabellón español a los pintores Feito, Guinovart, Millares, Manuel Rivera, Tàpies y a Oteiza, que recibió el Premio de Escultura y reconocimiento internacional.
- En torno a Equipo 57
Creado en París en 1957 y activo hasta 1962, este grupo -del que formaron parte Agustín Ibarrola y Néstor Basterretxea- abogó por un arte abstracto sin identidad territorial ni personal, basado en la interacción entre forma y color. Reivindicó el papel social del artista y realizó numerosos trabajos experimentales con voluntad de aplicación a la vida cotidiana y al diseño industrial. En sintonía con el grupo, se encuentran las primeras esculturas abstractas de Vicente Larrea.
- Informalismos
El crítico francés Michel Tapié acuño en 1952 el término “arte otro” o “arte informal” para referirse a un arte abstracto no geométrico que daba prioridad al gesto, la materia y el azar y se desarrollaba en la pintura europea en paralelo al expresionismo abstracto norteamericano. Dominó el panorama internacional durante los años cincuenta y sesenta en numerosas variedades (tachista, matérica, espacialista, sígnico-gestual…), de las que dan cuenta Bram van Velde, Karel Appel, Tàpies, Vicente Larrea, Saura, Manuel Rivera, Millares y Pablo Serrano.
- Estampas populares
A comienzos de los años sesenta la figuración se constituye como la nueva modernidad internacional. Ibarrola, Dapena y Dionisio Blanco representan la vertiente más social y políticamente comprometida, que, en su caso, dio lugar a una importante producción gráfica vinculada al colectivo Estampa Popular. Por su parte, Juana Francés y Juan Mieg dan testimonios de la angustia existencial. Lo cotidiano aparece en la obra de Mari Puri Herrero con alusiones a grupos de poder sociopolítico.
- Gaur
Creado por los escultores Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Néstor Basterretxea y Remigio Mendiburu, y los pintores Amable Arias, José Antonio Sistiaga, José Luis Zumeta y Rafael Balerdi, el grupo se presentó en San Sebastián en 1966 con un manifiesto que denunciaba la situación cultural y artística. Quiso conciliar la vanguardia con lo vernáculo y lo popular en un proyecto de Escuela Vasca de Arte Contemporáneo. En Bizkaia y Álava surgieron los grupos Emen y Orain, y en Navarra e Iparralde, Danok y Baita, que no llegaron a constituirse. Música, literatura y artes plásticas convergieron en el proyecto Ez dok amairu, activo entre 1966 y 1972.
- Geometrías
Nacido en la vanguardia de comienzos del siglo XX, el arte geométrico se desarrolló hasta 1968 en movimientos y tendencias que prescinden de todo referente figurativo. En estas salas se agrupan artistas geométricos de diferentes épocas y contextos, desde las propuestas pioneras de Vasarely y Vieira da Silva a las aportaciones de José Guerrero, Palazuelo, Sempere, Sobrino o Juncal Ballestín. Junto a ellos, una de las representaciones espaciales de los números primos que Esther Ferrer ha realizado desde los años 70 o las construcciones cubistas de Aurèlia Muñoz.
- Encuentros
Inicialmente ideados como un evento dedicado a la creación musical de vanguardia, los Encuentros de Pamplona acogieron en 1972 a artistas plásticos, escénicos y arquitectos alineados con las nuevas corrientes artísticas. Con el patrocinio de la familia Huarte y la coordinación del músico Luis de Pablo y el artista José Luis Alexanco, la ciudad se convirtió en un gran escenario donde se mezclaba vanguardia y tradición. Representativo del evento es el “espectador de espectadores” de Equipo Crónica, creado como público para varias actividades.
- Pop
El desarrollo de la sociedad de consumo y los medios de masas generó nuevas maneras de entender el arte. Frente a la aparente ligereza del pop norteamericano, en el contexto español y vasco el arte de compromiso político se reformula en las décadas de 1960 y 1970 interesado en la crónica del presente. De esta nueva figuración crítica participan los artistas Rafael Canogar, Eduardo Arroyo, Darío Villalba, Xabier Morrás, Mikel Díez Alaba o Alberto Rementería.
- Figuraciones
La representación del individuo y la plasmación de los conflictos humanos interesó en los años setenta a numerosos pintores y escultores que se mantuvieron fieles a los lenguajes figurativos, como Francis Bacon, R.B. Kitaj, John Davies o Antonio López. En estos años nuevas estrategias narrativas alejadas del experimentalismo vanguardista reclaman el carácter evocador -a veces autobiográfico- de la pintura y sus múltiples capas de significado, como en Gordillo, Ortiz de Elgea, Aquerreta o Baquedano.
- Disidencias
Este espacio reúne obras de finales de los 70 que aluden a la falta de libertades. En Guernica (c. 1977), Ibarrola relaciona elementos de la iconografía picassiana en un espacio con manifestantes y fuerzas del orden. Desde la práctica artística feminista, Marisa González y Esther Ferrer reivindican una expresión propia.
- Historia natural
Las relaciones entre la apariencia del paisaje y lo oculto en él, fue explorada en la década de 1970 por pintores como Ameztoy o Goenaga. En el caso de Goenaga, entre 1971 y 1972 realizó, además, un importante conjunto de fotografías land art.
- Objetos específicos
Claridad estructural, economía de medios, repetición modular y un nuevo interés por el color, la forma y los materiales y acabados industriales fueron las premisas con las que trabajaron Donald Judd o Richard Artschwager. En Elena Asins, pionera en el uso del ordenador como herramienta artística, el rigor compositivo y la depuración formal atraviesan su amplia producción en video, dibujo, escultura o instalación.
- Nueva pintura y escultura
Entre el minimalismo y el arte conceptual trabajan Bados, Badiola, María Luisa Fernández, Juan Luis Moraza, Pello Irazu, Elena Mendizabal o Darío Urzay. Otros artistas, como Cristina Iglesias, rompen también con la escultura anterior. De ese intenso cuestionamiento participan Inés Medina, Daniel Tamayo y Jesus Mari Lazkano.
- Final de siglo
Se reúnen aquí trabajos significativos de artistas de la escena local e internacional en la década de 1990, como Cindy Sherman, Juan Pérez Agirregoikoa, Idoia Montón, Iñaki Sáez, Sergio Prego o Itziar Okariz. Se trata de creadores que van a desafiar los límites de las prácticas en un cruce de diferentes disciplinas artísticas.
