Recuerdos musicales: Tres héroes del Rock

Montxo Paz

En 2004 divisamos la estrella de Ziggy desde el Parque de las Islas Atlánticas, tras el anuncio del previsto doblete de David Bowie en el norte peninsular, en el marco de su gira mundial ‘Reality Tour’, la primera de este calibre que organizaba desde 1995. Por un lado, una actuación prevista en Bilbao para el 14 de julio, que suponía la primera incursión del británico en territorio euskaldun; y dos días después, en Santiago de Compostela, una esperada cita que se incluía en el cartel musical de los conciertos del Nuevo Milenio, con motivo del Xacobeo.

Lamentablemente, no pudo ser. De repente, celtas y autrigones perdimos de vista la constelación. La baja de Bowie por sus problemas de salud provocó la desilusión de dos pueblos hermanos que esperábamos nuestra oportunidad de verlo en directo, aunque yo había tenido la suerte de asistir al concierto ofrecido en Madrid en la sala Aqualung siete años antes, en julio de 1997, en medio de un calor implacable que casi nos convierte en quesos flameados en medio una noche interminable y poblada de gatos silvestres.

En el caso de Compostela, la organización anunció la sustitución de Bowie por su colega Lou Reed, viejos amigos de canciones y travesuras desde los tiempos de la Factory de Andy Warhol. Se conocieron en 1971 y, al año siguiente, Ziggy Stardust fue el productor de Transformer, un álbum de glam rock que incluía éxitos como Walk On the Wild Side o Perfect Day. Con este último, el de New York cerró aquel concierto en el Monte do Gozo.

Fue la primera vez que vi a Lou Reed en directo. Y reconozco que me impactó. No por su sintonía con el público, que era escasa debido a su personalidad taciturna y colérica, sino por tener la oportunidad de escuchar el sonido vibrante de su guitarra en algunas composiciones (Sweet Jane, Guardian Angel, Dirty Boulevard…). Para nosotros fue siempre un poeta urbano, un músico “de culto”, ajeno en buena parte a las listas de éxitos y al marketing de las grandes multinacionales discográficas. Esa noche, inmerso en las melodías del compositor de Long Island, me acordé de aquella fotografía del hotel Dorchester de Londres, que tenía colgada en una de las paredes de mi habitación en Madrid. En ella aparecían los dos amigos -Bowie y Reed- abrazados a Iggy Pop, en el centro, con el pelo plateado y una camiseta de T. Rex, como fiel admirador de Marc Bolan. El autor de la icónica imagen es Mick Rock, conocido popularmente como “el hombre que fotografió a los años 1970”. Tres héroes del Rock, reunidos en una ocasión especial que supuso un gran impulso comercial para Lou y también para La Iguana, pues cosecharon grandes éxitos en los años posteriores gracias a la producción e influencia musical de David Bowie.

A mediados de esa década, mientras Lou Reed trataba de desengancharse de la heroína en una clínica de Brooklyn, Iggy y Bowie se trasladaron a Berlín para escapar de sus respectivas adicciones a varias drogas. Allí compartieron un piso de siete habitaciones, situado sobre un taller mecánico, se reinventaron y del encierro voluntario surgieron nuevos proyectos. Los caminos de los tres amigos siguieron cruzándose hasta la muerte de Lou Reed, en octubre de 2013, por una grave dolencia hepática, a la edad de 71 años. David Bowie falleció en enero de 2016, tras un devastador cáncer de hígado, dos días después de su 69 cumpleaños y la publicación de Blackstar, su último álbum. Contra todo pronóstico, Iggy Pop sobrevive tomando el sol en Miami y bebiendo vino tinto por las noches. Con 73 años, se autodefine como “el último dinosaurio blanco”.