La esperanza de la hostelería bilbaína

Los bares y restaurantes de Bilbao intentan hacer frente a las restricciones impuestas por la pandemia y afrontan el futuro con optimismo

Erika Álvarez

 

Desde que empezó la pandemia, hace más de un año, la actividad económica se ha visto resentida a todos los niveles, sobre todo en el sector de la hostelería. En el Casco Viejo de Bilbao, en pleno corazón histórico de la ciudad, bien lo saben. Allí se encuentra el Restaurante Kasko, un reconocido local que celebra este año su 25 aniversario, y que está sufriendo los estragos causados por la crisis. Natxo López, dueño del establecimiento, cuenta cómo le están afectando las restricciones: “El cierre perimetral es lo que más nos perjudica, porque no viene gente, estamos al 30-40% del año pasado”. Además, López comenta que los hosteleros trabajan de pie y dependen de gente que está sentada en un sillón, por lo que no augura “nada bueno” de cara al verano.

En un sentido más optimista se manifiesta Jorge Quintana, encargado de la Cervecería Casco Viejo, ubicada en plena plaza Unamuno. “El verano lo afrontamos con esperanza, con ilusión, pero sabemos que no va a ser como el anterior, que fue un poco más suelto, ahora habrá más restricciones”, comenta Quintana. Sin embargo, Jorge confía en que les dejen abrir el interior de la hostelería, que ahora permanece cerrado, salvo en desayunos (de 6:30 a 9:30h) y comidas (de 13:00 a 16:30h). “La terraza suele estar llena todo el tiempo, y sin tener la parte de adentro la facturación es la mitad o más”, señala. Además, añade que hay que “sobrevivir, tirar para delante y continuar”. Para él, los bares no tienen la culpa de que los contagios suban o bajen, y asegura que, por lo general, los clientes cumplen todas las medidas. 

Ane Miren Ramírez, clienta de la Cervecería Casco Viejo, no opina lo mismo: “Las restricciones me parecen bien, es lógico que los hosteleros estén enfadados, para ellos es una faena, pero no nos queda otro remedio”, indica. Sin embargo, Ramírez se pregunta cómo es posible que en Madrid, donde las restricciones han sido más permisivas, parece que va todo “mejor”. Y es que en la capital, la hostelería cierra a las once de la noche, tres horas más tarde que en Euskadi. En el resto de España, los horarios de cierre de los establecimientos varían según cada comunidad autónoma, así como el toque de queda y las restricciones. 

“Este desbarajuste de medidas nos confunde a todos, falta seriedad y una directriz general”, afirma Luis Serrano, propietario de Café París, un local situado en el barrio bilbaíno de Santutxu. Hay ciertos sectores, explica, que por su grandeza económica parecen intocables, y otros parece que tienen la culpa de todo. “Tienen que castigar a alguien, y nosotros nos sentimos los castigados”, señala Serrano, a quien toda esta situación le parece “un despropósito”. Él cree que la falta de medidas comunes en España genera “incertidumbre entre la gente y cabreo entre hosteleros”. Su establecimiento tiene una clientela fiel, pero asegura que el cierre del interior de la hostelería le está afectando “muy penosamente”. Serrano, su mujer y una trabajadora pasaron en Semana Santa el covid-19, por lo que tuvieron que cerrar el local durante las vacaciones: “La parte positiva es que lo hemos pasado los tres a la vez y con pocos síntomas, así que en ese sentido estoy agradecido”.  

 

Aforo limitado 

La Semana Santa tampoco ha sido buena para el Café Iruña, un referente bilbaíno que lleva ofreciendo su servicio desde 1903. Pablo Calderón, encargado del local, confiesa que este año está siendo “nefasto”. Las limitaciones horarias, expresa, les están afectando “muchísimo”, ya que la gente viene y se queda sin sitio. “Tengo clientes, pero no tengo sitio, no me dejan que pasen dentro”, afirma. Calderón intenta entender la situación y, con resignación, comenta que hay que hacer caso a lo que digan las autoridades, aunque sea “injusto”. 

A Alfredo Tate, propietario de la taberna alemana Ein Prosit, también le están afectando “mucho” las limitaciones horarias. Para él, las restricciones que se están aplicando a la hostelería no tienen “ni pies ni cabeza”, y las define como “una patochada”. Asegura que no tienen mucho trabajo, sobre todo a la tarde: “Se me llenan enseguida las mesas, y algunos clientes vienen y se tiran media hora sentados tomando una cerveza”.

En el bar Geltoki del Casco Viejo, también tienen el mismo problema de limitación de aforo. “A nosotros nos da igual que venga gente, tenemos el sitio que tenemos y una vez que se llena no podemos atender a más clientela”, dice Mariasun Burua, encargada de la cocina. Ella cree que cerrar la hostelería a las ocho “no hace nada”, ya que la gente, explica, se queda en los parques y en otros sitios hasta las diez, la hora del toque de queda. 

 

Bonos Bilbao 

Como parte positiva, Euskadi Turismo ha puesto en marcha una nueva campaña con más de 460.000 bonos para utilizar en hostelería, alojamientos y empresas turísticas con importantes descuentos. La iniciativa se puso en marcha por parte del Gobierno vasco, en colaboración con las tres diputaciones, los ayuntamientos de las tres capitales de la CAV y Eudel para ayudar al sector de la hostelería y el turismo. 

El Café París es uno de los establecimientos en participar. “Es una cosa positiva, porque a nosotros nos ayuda y al ciudadano le aporta un beneficio, lo cual es bueno”, asegura Luis Serrano, propietario del local. De hecho, en la primera campaña de bonos que se puso en marcha el 15 de marzo, miles de personas colapsaron el sistema y agotaron los 110.000 vales para comer y beber a mitad de precio en 624 locales de la capital. Es el caso de Nerea Saralegui y Concha Ricoy, madre e hija. Ambas adquirieron bonos, pero aseguran que fue una “odisea”, ya que había gente hasta las cinco de la mañana intentando conseguirlos. “Me parece una iniciativa muy buena, pero el sistema es horroroso. Sería más cómodo que cada establecimiento tuviera sus propios vales para ofrecer a los clientes, y no adquirirlos por la web, todos en masa, porque es un caos”, explica Saralegui, quien piensa conseguir más bonos esta vez. 

Esta nueva campaña, que se tuvo que suspender por las restricciones y las limitaciones de movilidad para hacer frente a la pandemia, se mantendrá activa hasta el 31 de diciembre de 2021. Pero antes de esa fecha, los seis hosteleros que han hablado en este reportaje confían en que la situación mejore, y ponen sus esperanzas en la vacuna. “Hay dos opciones: que seamos sensatos o que estemos vacunados. La primera la descarto”, confiesa entre risas Luis Serrano.