El Athletic tampoco llegó a la segunda Final

No tuvo ninguna opción sin su estilo ni ADN

Arturo Trueba


Los leones tampoco se despertaron a tiempo para la segunda final, en la que fallaron las figuras, los lesionados tapados y el entrenador Marcelino García Toral


Todo pensábamos, en general, que el Athletic saldría ante el Barcelona en la final Copa con las armas que le llevaron al éxito en la Supercopa. Presión arriba, anticipación, defensa infranqueable, valentía, velocidad en las transiciones e instinto depredador arriba. Nada de esto se produjo. Bueno, algo sí: la defensa. De hecho, sólo intentaron defenderse. Lo consiguieron durante una hora, con Unai Simón tapando la portería como pudo, especialmente exigido tras el descanso, hasta que no pudo. Durante el siguiente cuarto de hora la nave rojiblanca hizo aguas por demasiadas partes. Se descompuso el equipo con el primer gol y ya no hubo ninguna opción. Marcelino cambió tarde y mal. Claro, “ayudado” por esos lesionados tapados que ocultaron su estado real. Muniain tuvo que ser cambiado en el descanso tras su inexistente primer tiempo, mientras que Yeray aguantó a duras penas una hora. También fue cambiado por molestias, al parecer, Berenguer. Lo sorprendente es que quien sustituyó a Muniain no fue precisamente un pelotero, sino que lo hizo Lekue. Una apuesta más defensiva todavía, si cabía. El resto de los cambios fueron más a taponar los agujeros que a otra cosa. Núñez por Yeray, Vesga por Berenguer. Solo Villalibre parecía tener energía cuando ya era tarde. El Athletic estuvo fundido, sin creer en sí mismo, sin alma.

 

UNA PESADILLA PARA OLVIDAR

La afición, que se volcó al final en clave rojiblanca, soñaba con volver a ver a ese equipo descarado capaz de doblegar al Barcelona de Messi, pero se encontró con un equipo acobardado sin capacidad de quitarse de encima a un Barsa dispuesto a cobrarse un título como sea en su temporada de los líos. Los azulgranas sí salieron a por todas sabiendo lo que tenían que hacer, asustaron a unos leones que nunca sacaron las garras y que se defendieron malamente. Decepción, vergüenza, sensación de fracaso… fueron parte de los sentimientos que afloraron a esta afición tan fiel y tan poco recompensada en las últimas décadas. Se esperaba, o se deseaba, que los jugadores del Athletic se recuperaran del fracaso de la anterior final contra la Real, quince días antes, y que sacaran el carácter que se les supone. No fue así. Todo falló, especialmente las figuras. Y hasta el entrenador Marcelino, del que se esperaba más por haber sido el campeón de Copa de 2019. Fio su plan a la defensa y unos jugadores franquicia, que resultaron estar lesionados o pasados de rosca. No apostó el entrenador por alguno de los jóvenes. Más le hubiera valido sacar a jugadores en plenas condiciones físicas y con ganas de comerse el mundo. Pedíamos valentía y velocidad, pero no hubo lo uno ni lo otro. No sólo se perdió sino que fue de aquella manera.

 

8 PARTIDOS PARA MEJORAR LA IMAGEN

Ahora ya sólo se trata de finalizar la temporada de la mejor manera posible. Al menos nos llevamos un título y tres finales. Algo es algo, o mucho es mucho. Pero, claro, podía haber sido bastante mejor. Una oportunidad perdida de atraerse a una generación de chavales con éxitos. Al menos, que vean que nuestros jugadores tienen el suficiente carácter como para terminar la temporada con dignidad. Hay una posibilidad remota de alcanzar un puesto europeo y, sobre todo, unos partidos para ir dando minutos a las jóvenes promesas y planificar la plantilla para la próxima temporada.