Capítulo 10


Literatura basura. Manual de Autoayuda, por Gonzalo Garrido

Autor de: Las flores de Baudelaire, El Patio inglés y La capital del mundo


Tras decidir el narrador y el tono que quiere dar a la novela [o creer que lo decide, da lo mismo, no nos podemos detener ahora], Castresana se reafirma en su papel de redactor jefe con mando en plaza. Aquí, como siempre, hay formas diferentes de abordar el proceso.

Está el escritor-a-toda-máquina que aporrea su teclado sin compasión y avanza como un Formula 1. Este narrador parece que cabalga sobre la espalda de la inspiración y no deja que descanse. Después, tras el agotamiento creativo, ¡sorpresa!, volverá a las primeras redacciones y se dará cuenta de que apenas nada de lo que ha escrito sirve, pero que le quiten lo bailado [diez páginas menos para acabar].

El escritor-seiscientos tiene otra cadencia. Piensa mucho lo que escribe, matiza cada uno de los pasos de sus personajes, busca nuevos vocablos en el diccionario de la Real Academia, utiliza sinónimos y antónimos a tutiplén para horror de los críticos. Su ritmo es de unas pocas líneas al día, como Graham Greene, pero cuando repasa el texto observa la bondad del mismo y que, frotando aquí y allá, puede servir. El camino es largo y lo sabe y no busca atajos fáciles.

Hay un tercer tipo de escritor, el escritor-cuesta-arriba, personaje curioso porque siempre que se pone a trabajar tiene que leer lo anterior. Eso carece de importancia en las primeras treinta páginas, pero se convierte en un martirio a partir de ese momento. Para cuando llega a lo último redactado, el buen hombre está agotado. De todos modos, nadie duda de que si acaba la obra tendrá un manuscrito brillante, al menos en cuanto a estilo se refiere.

En cualquier caso, Alberto Castresana comenzará a redactar y mirará sus primeros trazos con una mezcla de entusiasmo y de temor. Leerá y releerá las primeras treinta líneas asustado de lo que está haciendo, de su osadía creadora y de forma natural, aunque sea ateo, pensará en Dios [¿qué ocurre si se enfada por intentar quitarle el puesto?]. Tiene miedo a que le castigue con alguna enfermedad maligna, un cáncer linfático, un accidente de bicicleta… [Dios siempre ha sido bastante vengativo con los artistas, todo sea dicho].

Superados esos momentos de temor y confusión, la tarea se pondrá difícil porque la famosa idea se estará concretando, y cuanto más se concrete, menos se parecerá a la idea inicial. Es más, comenzará a parecerse a la anti-idea, una especie de sucedáneo de escasa calidad y valor, pero con gran capacidad de expansión en la sociedad actual.

Castresana se sentirá desconcertado al observar que las cosas no salen como estaban planeadas. Las situaciones cambian continuamente, aparecen nuevos personajes no invitados al banquete, se mueren otros antes de tiempo sin dejar ninguna huella visible en la trama, nada es lo que parecía. Es como una revolución a bordo que nadie controla, ni siquiera su creador. En esos momentos de angustia será consciente de lo bien que estaba dejándose llevar por la vida de otros y no intentando crear vida propia.

En concreto, el nuevo profesional de las letras estará metido en un proceso que conduce a ninguna parte, bien porque no se ajusta al programa previsto, bien porque carecía de programa inicial. Y eso lo empieza a asustar. De hecho, desde niño le ha dado miedo la oscuridad y el vacío. Y ahora se encuentra a las puertas de ambas realidades sin ningún tipo de protección física o anímica eficaz.

Tras muchos días de avanzar en la historia, notará que se ha estancado: las ideas son repetitivas, no existe trama, ni conflicto, ni justificación narrativa, ni sentido alguno. Empezará a hacer caso a aquellos que afirman que el arte no sirve para nada, y le entrarán muchas ganas de llorar.

¿Será un estancamiento temporal o definitivo? [Paciencia. Ya habrá tiempo de saberlo. Además, tiene comunión de la sobrina].