Superficial es una novela negra de televisión en papel

Javi Palacio es puro medio, especialmente es televisión en esencia. Trabaja en Tele 5, lo hizo en la local Bilbovisión y El Correo Digital. Se crio en la ficción de las series americanas ochenteras desde su Trucios-Turtzioz fronterizo. Le atrae la intriga de las novelas de Agatha Christie. Se mueve como pez en el agua en el mundo rosa…Es periodista y, sobre todo, showman televisivo y polifacético

 

¿Superficial? 

Esta cuadrilla de protagonistas deben mantener una doble fachada: la suya propia, su vida, y por otra parte la que les exige la presión social, esa familia tan poderosa. Esas grandes fortunas en las que la reputación es casi todo y a las que un mal escándalo puede hacer que tus acciones suban o bajen y que toda tu fortuna se vaya al traste. Tras esa máscara esconden una serie de miserias y de cadáveres que han dejado en el armario en el pasado, unos secretos que no deberían ver la luz, entre ropas de marca, coches, viajes, casoplones…Empecé la novela cuando tenía 19 años. La escribía a ratitos, cuando salía de la universidad, master, trabajo…la tele. Así, entre ratitos y huecos pasaron los años.

¿Y el género?

Concebí la obra al principio como una especie de telenovela coral, como estábamos acostumbrados a ver en las grandes series de televisión. He adaptado lo que en televisión se conoce como dramedia, que es un dramón con tintes cómicos para aliviar un poquitín todo ese dolor que podemos ver en series. Es por un lado novela negra, con mucho homenaje a Agatha Christie con detectives y misterios, pero a la vez hay mucho toque de humor, ironía, sátira y de parodia, que es lo que alivia la tensión de los protagonistas.

¿Son historias que empiezan y terminan, o no se sabe el final hasta la última entrega?

Era una novela de mil y pico páginas que había que trocear. No se sabe el final hasta la última entrega, que será una sorpresa.

Eres de Trucíos ¿conoces de primera mano la sociedad americana que describes? ¿Lo aprendiste a través de la pequeña pantalla? 

La de California no, pero sí he conocido un poquito la de Nueva York. Me inspirado en lo que he visto en esas telenovelas como Dinastía o Falcon Crest, que no dejan de ser un folletín político del nacionalismo de Reagan, con esa alta sociedad que se nos vendía, el mundo del espectáculo y de las estrellas. Eso que marcó mi infancia. Es televisión en papel, con mucho diálogo, que es más ágil.

¿A quién va dirigida tu novela? ¿Es para gente superficial?

A un público mayoritariamente femenino, como lo hace el género policiaco en televisión. Los crímenes junto al universo de glamour y sofisticación. Es para gente con trasfondo que sabe mirar más allá. Todo sucede por algo, y hay que saber descubrir por qué.

¿Qué echas de menos de Bilbao?

Todo. Pasear por Bilbao, su gente, sus negocios, encontrarte con alguien amigo como Isidro Elezgarai. Es esa sensación de estar en casa y de que todo lo que te rodea te resulta familiar.

¿Tu restaurante favorito? ¿Y la mejor barra para acodarte?

Siempre he sido muy fiel al Bluesville y al Soho. El Kukusoak, donde pinché y me dejan subir encima de la barra; Bizitza, Badulake…allá donde me pngan Camilo Sesto o Mocedades. La noche está un poco desmejorada. De comer, tiro de pinchos de la calle Santa María, Pozas, García Rivero o Ledesma.

¿Qué te deparará el futuro en el periodismo y en la literatura?

Tengo una idea para otra novela. La siguiente será más comercial. En Superficial hay cosas muy mías. En periodismo, estoy en dirección de contenidos en Tele 5, de entretenimiento y actualidad. Entiendo más el modelo de negocio, lo que funciona.

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