Los claroscuros de febrero

Este contenido forma parte del número 1054 de La Ría del Ocio, publicado el 4 de febrero de 2021


Arturo Trueba

Visitar la exposición ‘Bilbao y la pintura’ es obligada para cualquier bilbaino que se precie. Casi exclusiva para los de casa hasta que se abra el cierre perimetral. Estará en las agendas hasta agosto, con lo que gente de casi todas las procedencias podrá disfrutar con el producto de los emprendedores y con el arte de unos pintores vanguardistas de la época nacidos en muchos casos en las Siete Calles. Refleja un periodo creativo y de transformación de la villa en ciudad en la economía, trabajo industrial, rural o pesquero; navegación, comercio, sociedad, costumbres, deporte, folkore o cultura. Una sociedad que desde finales del siglo XIX superó cuatro pandemias y dos guerras, una mirada al pasado con un mensaje esperanzador de futuro. Muy oportuno. Y eso que esa muestra se planificó mucho antes de la llegada del Covid-19. En febrero comienzan los claroscuros de un invierno de los de antes, cuando llegan noticias sobre la meseta estadística entre borrasca y borrasca. Aparentemente se supera el pico de la tercera ola en plena guerra de las vacunas y un espectáculo parlamentario de cachondeo. Menudo papelón el de algunos actores, que no superarían el acceso a las escuelas de teatro, entre papelitos, justo cuando reaparecen los papeles de Bárcenas con nombres y apellidos.

Por aquí, nuestros grandes museos rivalizan en ofrecer interesantes muestras, nuestros comediantes dan lo mejor de sí mismos a pesar de la que está cayendo, los hosteleros tratan de sobrevivir y aguantar hasta que escampe y los comerciantes se encuentran en plena cuesta de febrero. Bilbao programa cultura por los barrios, el Teatro Arriaga sigue liderando nuestros escenarios, mientras que la cantera de Pabellón 6 da sus evidentes frutos. La oferta coge fuerza con la programación de la Sala BBK, Alhóndiga AZ, Teatro Campos Elíseos, Basauri Social Antzokia, Teatro Barakaldo, Muxikebarri, en Getxo, y Olalde Aretoa en Mungia. Además, los aficionados del Athletic han recuperado la sonrisa con el efecto Marcelino.