Entrevista a Kirmen Uribe, escritor vasco en New York

“Tenemos que volver a lo que es muy importante en la vida, dejarnos de banalidades, ser más humanos, cercanos y más pegados a la tierra”

 


por Arturo Trueba


Kirmen Uribe (Ondarroa, 1970) es un escritor vasco en Nueva York. Lleva allí en la gran manzana dos años gracias a unas becas y colaboraciones con la universidad. Parecía predestinado a pasar largas temporadas allí desde que publicó en euskera con éxito Bilbao-New York-Bilbao. Los premios nacionales en euskera y castellano corroboraron esa apuesta por un género literario muy suyo, “del siglo XXI”, de novela a caballo entre la ficción y la crónica. Sobrelleva el confinamiento con su mujer Nerea y sus hijos Aitzol y Arane en un apartamento próximo al parque, a la Universidad de Columbia, la Biblioteca Pública y las escuelas públicas, en la calle 79, entre las avenidas novena y décima. Eso sí, mantiene contacto casi diario con Euskadi. Es una de nuestras ilustres Angulas de la Ría, premio entregado por la ría del ocio con motivo del 30 aniversario de la publicación.

¿Qué tal estáis?

Estamos bien. El 13 de junio finaliza el confinamiento en la ciudad de Nueva York, a diferencia del estado, donde se puede ir a la playa, pero aquí está todo cerrado. No hay librería, teatros, museos… ni terrazas. Eso sí, en todo momento se ha podido comprar comida para llevar. Pero la gente lo está pasando muy mal porque no hay dónde trabajar y tienes que pagar el alquiler. Uno de cada cuatro neoyorkinos está solicitando comida. La situación es bastante dramática. Pero al menos ha bajado la curva y pronto entraremos en la fase 1, como decís allí.

Vivimos en Manhattan, en un lugar recomendado por nuestro amigo Rafa Yuste, el científico. Cerca de la universidad, la biblioteca pública y de la escuela pública, para sus hijos Aitzol y Arane, a la que se accede por cercanía al estar ‘zonificada’.

 Entonces la familia se ha adaptado bien, ¿no?

Sí, bien porque estamos en la zona de arriba, que es más tranquila y sin turistas. Es de newyorkers. Además, la zona es muy agradable al estar entre Central Park y el río Hudson, con espacios para la bici y para jugar.

¿Qué tal es tu trabajo y vida en NY?

Jeje. Nerea y yo teníamos la idea de pasar una temporada allí. Solicité una beca de escritura en la Biblioteca Pública de NY. Había 15 plazas para gente de todo el mundo, pero cuajó. En el segundo año, he conseguido otra beca para la Universidad de Columbia, escribo y doy clases de Literatura Global en el siglo XXI en un master sobre ficción creativa. Y ahí se me va el día.

¿Serán tiempos difíciles para la ficción creativa, cuando la realidad supera a la ficción?

Bueno, mis novelas siempre han estado pegadas a la realidad, en lo que sucede realmente. Estoy escribiendo una novela mitad ficción y mitad crónica.

¡Tu género, vamos!

No es una novela convencional. Si no, me traicionaría a mí mismo. Hay que buscar nuevas fórmulas narrativas, más que el tema. En el arte y en la literatura la forma es la que hace avanzar el acto creativo.

 Hasta ahora has recibido muchos premios, ¿Crees que seguirá la racha?

Los premios son un reconocimiento. Hacen que tu obra sea visible, pero te meten mucha presión para escribir cosas de calidad y desarrollar un estilo propio y rompedor, pero que llegue al lector.

 En tu trayectoria te has adentrado en los poemas, la prosa, la literatura infantil y juvenil… y las apuestas por lo disciplinar

Sobre lo disciplinar, me satisface mucho la muestra ABC del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Abren el día 1 de junio y lo están promocionando con un vídeo de KukaiDantzaTaldea. Va a ser una nueva manera de revisitar el museo. Es como ver a la gente de siempre con otro espíritu más positivo y más constructivo.

En la parte musical, todo comenzó con una colaboración con un grupo de rock cuando de adolescente mi hermano me robó unos poemas y los convirtió en canción. He trabajado en proyectos con Mikel Urdangarin, Mikel Valverde, WinMertens… y la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Los músicos son gente especial. Son tipos genios y me gusta estar con ellos porque tienen una sensibilidad especial para captar la realidad.

¿Tienes contactos con los vascos de NY?

Hay una EuskalEtxea, pero no es como antes cuando había emigración. Si hemos quedado con algunos. Pero ahora con Internet, skype, zoom, emails… yo estoy en contacto con Euskadi todos los días. Vivimos en las dos orillas. Se trata de sumar amistades, teender puentes entre gente de diferentes ideologías. Sumar es un verbo que ha ido conmigo toda la vida. Sumamos NY a Euskadi. Es otra manera de emigrar, vives en las dos tierras. No es cruzar el charco y olvidarte de todo.

 ¡Claro, es que NY es un Ensanche de Bilbao!

En NY la gente es muy abierta, procede de todo el mundo, te escucha, te dan oportunidades de hablar… es una ciudad-puerto, como Bilbao. Son abiertos, con ideas progresistas… artistas, científicos, pensadores… de todo, donde puedes aprender mucho. Es un poco como Ledesma.

Precisamente la ría del ocio está en Ledesma. Te premiamos en nuestro 30 aniversario con un trofeo de Las Angulas de la Ría. Este año hemos tenido que suspender la gala, que iba a ser el 26 de mayo, por la crisis sanitaria. Pero vamos a dar voz a nuestras angulas y esperamos tu testimonio también

Si, ya os lo enviaré. Es una situación muy difícil y hay que enviar ánimos para salir adelante. Especialmente a quienes haya sufrido de cerca la pandemia. Quiero dar ánimos a todos los profesionales de la cultura. Siempre pagamos el pato y somos el primer sacrificado.

Tengo muchas ganas de ir por allí y ver publicado en castellano (más tarde, en gallego) mi libro de poemas ‘17 segundos’, que publicamos en euskera en la feria de Durango y que iba a editarse en castellano en marzo.

Estás escribiendo otro, ¿no?

Vine a NY con la idea de desarrollar una novela en la Biblioteca Pública de NY. No tengo prisa. Espero terminarla el año que viene. Será extensa, de unas 400 páginas, como la última. Es una novela muy querida, muy especial y quiero hacerlo bien.

¿Cómo ves desde allí lo que sucede aquí?

Con preocupación por la gente que pueda sufrir y por la crisis económica que llegará más tarde.  Pero también con esperanza. Euskadi siempre ha sabido reinventarse. De esta saldremos bien, pero sin entrar en peleas, sino que hay que juntarse y pensar en nuevas ideas para mejorar nuestra sociedad.

De todas las grandes crisis se saca una enseñanza ¿Cuál crees que puede ser?

Primero, fortalecer el sistema sanitario. Segundo, invertir en ciencia, que es muy importante, junto a la cultura es de las ‘marías’. Cuando hay recortes, se recortan la ciencia y la cultura. Tenemos que volver a lo que es importante en la vida, dejarnos de banalidades y dejar de gastar el dinero fácilmente. Ser más humanos, más cercanos, más pegados a la tierra ya la naturaleza. Pensar en lo que más nos llena y olvidarnos de la ansiedad.

Poco a poco se acabará el confinamiento

Todos los días hacemos muchas tareas, y las de los niños, que están un cansados de las clases online. La suerte es que no hay horarios. Siempre hemos podido salir, con mascarilla y los dos metros de distancia. La gente es muy cívica. Ha sido muy interesante ver al presidente por un lado y al Gobernador (demócrata) de NY por otro. Este último es el que ha tomado las decisiones sanitarias aquí y eso ha supuesto una tranquilidad.

La conversación acabó coloquialmente y con la promesa de enviarnos un vídeo con su testimonio como premiada Angula de la Ría.