Avanzar antes de Navidad

Este contenido forma parte del número 1051 de La Ría del Ocio, publicado el 10 de diciembre de 2020


Arturo Trueba

Las noticias sobre Ernest, que toma el relevo a Dora, el temporal que azota nuestras costas y blanquea los picos de las montañas, son una anécdota en estos tiempos de incertidumbre e impaciencia. Lo normal es que, con el final de otoño, se sucedan episodios de mal tiempo, pero ya nos habíamos acostumbrado a ese extraño clima tropical que nos resecaba arroyos, rebajaba el nivel de los embalses y hacía la pascua a la temporada de ventas en los comercios de ropa. Ahora el problema llegó corregido y aumentado, pero por una causa diferente, tan inesperada y dramática como la que estamos viviendo. Una vez más la realidad superó a la ficción. No se trata ya de los vaivenes climatológicos, sino de esa epidemia que todavía seguimos padeciendo. La sufren quienes enferman, de una forma u otra, y quienes les rodean; la economía, el turismo, el comercio y la hostelería. Y todo el mundo ansía soluciones lo antes posible. La esperanza está más cercana. De hecho, el Reino Unido, que cada vez va más a lo suyo, ya ha iniciado su campaña de vacunación, comenzando por los más mayores y quienes les cuidan, así como por sanitarios. Pronto arrancará una carrera por todos los continentes para ver cuáles son los países que avanzan más en la materia. Esperemos que los responsables de turno acierten y no metan más la pata. Lo importante es que sean eficientes en la solución sanitaria, encaucen la recuperación económica, ayuden a los sectores damnificados y aprendan de una vez que con la salud (y la educación, la investigación y la generación de recursos necesarios) no se juega. Por aquí, las decisiones que tome el Gobierno Vasco irán encaminadas a tratar de rebajar restricciones en la medida de que a su juicio los datos sanitarios mejoren lo suficiente. Los hosteleros, comerciantes, autónomos, trabajadores, empresarios, jóvenes y la población en general están deseando notar avances de cara a tener unas extrañas fiestas navideñas, pero lo menos restringidas posibles, dentro de lo que cabe. Unos deben acertar y el resto a actuar con las tres emes: metros, mascarilla y manos lavadas. Y cabeza.